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El poder de una simple rosa roja

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Tab Machado
Tab Machado

Si cada ser humano de este planeta se dedicara a sumar sentimientos positivos dentro de sí y confiara más en su espíritu para relacionarse con sus semejantes, seguramente la sociedad en que vivimos sería muy diferente. En cambio preferimos darle importancia a las apariencias y condicionamos nuestras relaciones a lo que queremos recibir en vez de lo que podemos dar y es por eso que cada día que pasa el mundo se vuelve más egoísta, avaro, inhóspito e

indiferente. Lo que pasa es que nos preocupamos únicamente por satisfacer nuestros instintos básicos, sin hacer crecer los sentimientos profundos que precisa el alma, lo que nos lleva a vivir en un estado de insatisfacción permanente. Tal es así que hemos instituido un día específico del amor y la amistad para poder expresar sentimientos que de otra manera se diluyen y se pierden en el mar del individualismo que hemos preferido navegar…

Cuenta una historia real que el poeta Rainer Maria Rilke vivió un tiempo en París. En su trayecto a la universidad todos los días pasaba, junto a una amiga francesa, por una calle muy frecuentada. En una esquina de esa calle, había siempre una mujer que pedía limosna a los transeúntes. La mujer se sentaba siempre en el mismo lugar, inmóvil como una estatua, con la mano extendida y los ojos fijos en el piso. Rilke nunca le daba nada… mientras que su compañera solía darle cotidianamente alguna moneda.

Un día, la joven francesa, asombrada, le preguntó al poeta: “¿por qué nunca le das nada a esta pobrecilla mujer?” Y el poeta le respondió con sencillez y profundidad: “le tendríamos que regalar algo a su corazón, no solo a sus manos”…

Al día siguiente, Rilke llegó con una espléndida rosa, la puso en la mano de la mujer y se dispuso a continuar el camino. Entonces sucedió algo inesperado… la mujer alzó su vista, miró al poeta, se levantó como pudo del piso, tomo su mano y la besó… luego se fue, estrechando la rosa contra su cuerpo.

Durante una semana nadie la volvió a ver. Pero ocho días después, la mujer apareció de nuevo sentada en la misma esquina, silenciosa e inmóvil como siempre. “¿De qué habrá vivido todos estos días que no recibió nada de dinero?”, preguntó la joven francesa. “De la rosa”, respondió el poeta…

La mujer recibía cada día lo que le sobraba a los demás y que acallaba sus propias almas, por eso no era necesario ni siquiera levantar la cabeza en señal de agradecimiento, pero Rilke le ofrendó algo más que una simple rosa, le hizo sentir que era importante para alguien y ese simple gesto fue suficiente para la mujer al menos por 8 días… imagínense lo que podría influir en ella un sentimiento profundo y duradero…

Como lo dije hace algún tiempo atrás: ojalá viviésemos todo el año como si fuera diciembre y nos expresáramos ante nuestros afectos como si cada día fuera 14 de febrero, seguramente el mundo experimentaría un cambio permanente tan sorprendente, como el poder de esa simple rosa roja…

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