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El regalo más noble…

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Jacqueline Camacho-Ruiz
Jacqueline Camacho-Ruiz

Hace un poco tiempo, tuve la oportunidad de conocer a una persona que me hizo recordar que el servicio y la amabilidad sí añaden felicidad a nuestras vidas.

Eugenia, una señora de más de 50 años, aún mantiene el espíritu ardiente de servicio y la actitud para ayudar al prójimo.  Ella trabaja de recepcionista en una clínica de Massage Envy

(Oswego, IL), un lugar de tranquilidad y relajación. Todas las veces que he visitado la clínica, siempre me la he encontrado con una sonrisa y recibiéndome con los brazos abiertos.  He estado en muchos otros lugares y he visto muchas otras recepcionistas, pero Eugenia es definitivamente especial.

En una de las ocasiones, llegué tarde a mi masaje el cual estaba proyectado para tomar una hora.  Después de ofrecer mis disculpas, el equipo de la clínica me ofreció dos opciones: una de regresar otro día y la otra de tener un masaje de sólo media hora.  Mientras me decidía que hacer, Eugenia se ofreció inesperadamente a darme mi masaje intacto de una hora, ése mismo día.  Nunca me imaginé que Eugenia, la agradable recepcionista fuese terapista también…yo obviamente tomé la tercera opción.

En cuestión de minutos, Eugenia se preparó y me llevó al cuarto de masaje.  Su gentileza y amabilidad fueron aun más notables como masajista, lo cual me inspiró a escribir esta columna.

Cuando terminó el masaje, le pregunté cómo es que ella encuentra la pasión que mueve su corazón a ser tan amable y entregada a su trabajo, a lo cual ella me contestó: “Me encanta servir y ayudar a otras personas,” y después añadió: “Mi padre me dijo que tenía un regalo especial mientras le daba un pequeño masaje cuando tan sólo tenía 9 años de edad.  Desde pequeña mis padres han creído en este regalo lo que me animó a usarlo para servir a otras personas”.

También le pregunté porque se ofreció a darme el masaje siendo que estaba trabajando en la recepción, a lo cual me respondió que le nació del corazón.  Para mi fue la mejor sorpresa y el masaje fue excelente.

Después de que Eugenia me compartió esa historia de su padre, comprendí que ella es un regalo para el mundo.  No sólo por ayudar a otras personas, sino también por existir y alumbrar el camino de otras personas.  Es un ejemplo de servicio y de que las cosas más valiosas que tenemos en la vida, salen del corazón.

¡El ayudar a otros olvidándose de sí, es uno de los actos más nobles!

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