Home Editoriales El silencio de los inocentes
El silencio de los inocentes
0

El silencio de los inocentes

0
0
Tab Machado
Tab Machado

La verdad es que a veces, cuando me siento a escribir esta columna, simplemente me bastaría con ir al archivo recuperar alguna de las viejas editoriales que ya se han publicado y, con algunos retoques, volverlas a poner en circulación. Es que, aunque uno no lo pueda aceptar, las reacciones de las personas ante determinados temas siguen siendo tristemente similares.

Agosto, por ejemplo, nos trajo el receso del Congreso sin que se haya dado un avance sustancial en el tema de la reforma Migratoria en la Cámara de Representantes. El tema sigue igual que siempre… existen buenas intenciones de la mayoría, pero una minoría impone su voluntad.

Parece que los políticos actuales (a través de todo el orbe) ponen la política a su servicio e interés, porque lo importante para ellos es perpetuar, a como dé lugar, su poder e influencia personal. Lejos, muy lejos, están de aquellos hombres cuyos nombres quedaron en la historia acuñados en oro y que hicieron política pensando en el bien de la mayoría. Hoy los primeros buscan complacer solo a aquellos que los nutren de poder con sus votos, mientras que los otros hicieron lo que debían, aun a riesgo de su propia carrera y beneficio… Los tiempos cambian…

Lo que también se repite es que algunos inmigrantes que han logrado sortear la barrera del estatus migratorio (luego de llegar al país indocumentados), no quieran que otros en su misma condición anterior logren legalizarse. En realidad estas personas se parecen mucho a aquellos que esperan un tren en una estación. Mientras están en el andén esperando para subir al tren se quejan ácidamente de las personas que ya subieron en estaciones anteriores y que nos les dejan lugar a ellos para subirse. Pero cuando logran acceder finalmente a un vagón y comenzar su marcha, ya a la próxima parada tratan de que los que están abajo no suban, así no los molestan.

La memoria de estas personas es frágil como un cristal y enseguida borran de su memoria el hecho que, hasta hace unos pocos momentos, ellos también estaban ocupando el andén y se quejaban porque no podían subir al vagón. Claro que, para que su conciencia no los castigue mucho se apoyan en una trillada frase… “que sufran lo que todos sufrimos”…

Volvemos a lo del principio: nada ha cambiado a través de los años ya que la individualidad y conveniencia de unos, sumado al egoísmo de otros, ha resultado clave para que la minoría haya impuesto, hasta el momento, su voluntad en perjuicio de la mayoría…

Ojala que este receso sirva para iluminar a los que deciden sobre el tema y, si no es así, creo que todos deberíamos hacernos una sola pregunta: ¿En que nos hemos estado equivocando?

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *