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El único vuelo de quien nació para remontarse hasta el cielo…
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El único vuelo de quien nació para remontarse hasta el cielo…

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Tab Machado
Tab Machado

Por querer ser exitosos, reconocidos y poderosos a perpetuidad los seres humanos pasamos la vida corriendo tras la estrella más grande y alta del firmamento, a ver si de un salto podemos colgarnos de ella y absorber por siempre todo su fulgor.

Es tanta la obsesión por el logro máximo y perenne, que nos parece que la realización completa de nuestros sueños siempre está un escalón más arriba de donde estamos, por lo que dejamos de disfrutar los resultados que vamos consiguiendo en el camino y así vivimos por siempre insatisfechos y amargados, aunque realmente hayamos conseguido nuestras metas…

Cuando pienso en este tema me viene a la memoria que yo de niño (a la edad de 6 años) tuve mi propia estrella, una cometa, barrilete o papalote, en forma del astro celestial, que fue hecha por un gran amigo de mi familia, Edison ‘Bocha’ Serrón y que era mucho más alta que yo en ese momento.

Recuerdo que cuando mi padre la trajo a casa me dijo, “jamás vayas solo a remontarla, es muy grande y te va a arrastrar con ella”. ¡Qué orgulloso estaba yo de aquella estrella! La miraba y pensaba que era un desperdicio esperar para hacerla volar hasta el cielo, pero mi padre la colgó alto en una pared del galpón y me dijo que de ahí solo salía con supervisión de un mayor…

Allí quedó hasta que, bastante tiempo después y luego de pedir una y mil veces para verla en el aire, una tarde mi madre me dijo que íbamos a ir a remontarla. La emoción fue tremenda y fuimos hasta un descampado cerca de mi casa para hacerla volar…

La tarde era perfecta, no había nubes y el sol brillaba a pleno en el firmamento. El viento era fuerte e iba de sur a norte por lo que, con trapos, hicimos una larga cola para que mantuviera su vertical y no se nos fuera a pique.

Creo que mi estrella estaba tan ansiosa por volar como yo de verla en lo alto así que, apenas le dimos vuelo, aquella majestuosidad consumió en pocos segundos los 100 metros de piola que había en el palo que oficiaba de carrete y se instaló lo mas oronda en la cúspide del cielo. Luego, no sé si fue el fuerte viento, las ganas de ir aún más alto o porque quería que yo también viese lo que ella veía desde allá arriba, que la cometa empezó a hacer tanta fuerza por subir y subir, que era imposible tenerla en la mano, así que tuvimos que amarrarla a un poste para que no me arrastrara con ella.

A la tardecita y luego de varios intentos de traerla de nuevo con nosotros, mi madre tuvo que pedirle a mi padre que viniera para poder bajarla. Finalmente y luego de un poco de esfuerzo, aquella estrella retornó nuevamente a mis manos, luego de su primer y único vuelo…

Recuerdo de haber entrado muchas veces al galpón luego de aquella jornada y verla colgada majestuosa y radiante en la pared, con ansias locas de contar el único vuelo de quien nació para remontarse hasta el cielo…

Esa experiencia y una frase que leí tiempo después, han sido aleccionantes para mí. La frase decía: “algunas mariposas solo viven semanas y aun así tienen tiempo para ser felices”. De esta manera aprendí que uno debe de disfrutar y valorar los logros que consiga, así sean efímeros y fugaces, porque la felicidad perenne es tan solo una utopía.  Y si crees que el dolor que sientes hoy será infinito y que no hay un mañana de esperanza, no desesperes, porque todo pasará… Pero si  te encuentras en las antípodas de este sentimiento y crees que esa felicidad o bonanza que disfrutas son algo sin fin, atesora el momento y disfrútalo intensamente porque, inevitablemente, también pasará…

Así es la vida, nada es para siempre, los momentos son fugaces, pequeñas pinceladas o matices de alegrías y tristezas que van haciendo la vida del hombre, por lo que la mayor sabiduría que uno puede atesorar es tener consciencia de la transitoriedad de las cosas y aceptarlas como tal…

 

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