Home Locales En el Mes de la Hispanidad platicamos con el empresario José G. Romero… Una trayectoria sólida, consistente y perdurable como el acero que moldea
En el Mes de la Hispanidad platicamos con el empresario José G. Romero… Una trayectoria sólida, consistente y perdurable como el acero que moldea
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En el Mes de la Hispanidad platicamos con el empresario José G. Romero… Una trayectoria sólida, consistente y perdurable como el acero que moldea

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José G. Romero, propietario de Romero Steel, es la representación fiel de los más puros cimientos con los que se ha construido la comunidad hispana de Estados Unidos: perseverancia, honradez, humildad, trabajo, familia, servicio al prójimo y mucho éxito…

Celebrando el mes de la Herencia Hispana, que es un reconocimiento al destacado papel que ha desempeñado nuestra comunidad en el crecimiento de Estados Unidos, personificando el espíritu pionero y emprendedor del país, platicamos con José G. Romero de Romero Steel, quien es representante fiel del espíritu indoblegable de aquellos que lo dan todo a fin de lograr sus metas.

Justamente, sobre la celebración del mes de la Herencia Hispana Romero nos dijo que, “es un orgullo porque, como mexicano, celebramos el mes de la independencia junto con otros países que también celebran su independencia en estas fechas y me da mucho orgullo saber que durante este mes se reconocen los logros que ha alcanzado la comunidad hispana en Estados Unidos”.

Al igual que la mayoría de los inmigrantes (sin importar la nacionalidad) José tiene estampado en forma indeleble en el corazón, el día que dejó su tierra y su familia en Durango, aventurándose a un mundo desconocido en pro de conquistar sus metas… “Fue en el mes de Junio, tenía apenas trece años”, dice haciendo una breve pausa para dominar la emoción… “Desgraciadamente, en 1967 y en el 68 mi padre perdió toda la cosecha y, de esa manera, la oportunidad de ir a la escuela se terminó. El se vino a Estados Unidos y yo me quedé en mi pueblo junto con mi mamá, al frente de todo (yo soy el mayor de la familia). Luego regresó mi papá y me dijo que lo sentía pero que ya no podría ir a la escuela. ‘Lo único que puedo hacer por ti es enviarte a California con mi primo. Allá puedes trabajar y estudiar’, me dijo. El 15 de Junio de 1969 me vine a California, acá cumplí mis 14 años y trabajé de lava platos y en la cocina. Duré un año y medio, donde aprendí a hablar inglés y regresé a México”, prosiguió diciendo.

“Después de un tiempo volví a Alburquerque, Nuevo México, junto a un amigo que hace algún tiempo falleció.  Eso fue en Semana Santa, en Marzo de 1971 y mi mente estaba puesta en llegar a Chicago. Desde los 8 años, una vez que vi la imagen del frente del Museo de Arte de Chicago, yo tenía la idea fija de vivir en Chicago. Así que acá me vine a vivir con un tío, en Melrose Park y estoy viviendo en Chicago desde Junio de 1971”, añadió.

Sobre su meta al emigrar, Romero dijo que, “luego de ver que mi padre y la familia trabajábamos y trabajábamos y a veces perdíamos la cosecha o cuando teníamos abundancia de cosecha, a fin de año veía que no había muchos logros y era vivir al día, entonces no vi futuro allí. Así que mi meta fue emigrar y llegar a Chicago en busca de una vida mejor”.

Lo que no podrá olvidar jamás José, son dos enseñanzas que le dio su maestro, Apolonio Ramos Meraz, que fueron casi que proféticas. “Recuerdo que en el tiempo que estuve con mi maestro, él me enseñó algo que me ha servido mucho en la vida. Estaba yo en sexto año y un día me dice: empieza a practicar en hacer una firma, porque un día la vas a necesitar. Luego me enseñó a ponerme una corbata y también me dijo: un día la vas a necesitar. Y finalmente me dijo: no te olvides, practica tu firma y a ponerte una corbata, porque algún día vas a ser un gran empresario y son cosas que vas a necesitar”…

José señaló, más adelante, que si tuviera que pasar raya para saber si el sacrificio de emigrar ha valido la pena “digo que sí, estoy satisfecho 100%”. “Yo pienso que el ser humano nunca deja de crecer, entonces siempre hay una meta o un reto que superar, pero estoy muy satisfecho con lo que he ido logrando”.

Una de las importantes obras que Romero Steel ha construido y José disfruta con mayor orgullo es “el Soldier Field. Hemos hecho infinidad de obras importantes, pero esa es la que mas disfruto. En total para la construcción del Estadio hicimos 600 toneladas de acero. Cuando voy al Soldier Field me siento muy feliz y orgulloso de haber podido aportar y contribuir con mi trabajo para la realización del estadio”.

José ha construido varios puentes físicos, pero también ha tendido infinidad de puentes solidarios para ayudar a la comunidad… “Yo quisiera ayudar mucho más aún, con NAIMA, con la Fundación Necahual, con FEDEJAL, pero a veces mi salud no me lo permite. Disfruto de ayudar a NAIMA, Necahual y FEDEJAL, porque Sergio Suárez es un líder nato y uno aprende mucho de él.  Su amistad y su confianza me han ayudado bastante y le estoy muy agradecido por todo. Por eso cuando me precisan y me hablan, ahí estoy siempre”.

Sobre el final Romero nos dijo que, si el José de hoy pudiera viajar en el tiempo para decirle algo a al joven José que salió de su pueblo hace ya 48 años, “le daría las gracias por haberse animado a dar el paso. El estar lejos de mi casa, tener que madurar solo, lejos de mis padres, no es para cualquiera. Le daría gracias por el entusiasmo que siempre mostró, por la inquietud de seguir adelante, no darse nunca por vencido, por buscar siempre sobresalir y mejorar. Por siempre ir hacia adelante, adelante, adelante, como caballo de carrera que quiere alcanzar la meta. Por querer superarse a si mismo honestamente. Por todo eso le daría las gracias al José joven que salió de Durango”…  Romero concluyó diciendo que nunca debemos olvidar que “la unidad hace la fuerza. Así que, si nos unimos inteligentemente, podemos lograr todo lo que nos propongamos”…

 

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