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Enseñanzas para otro mundo

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Tab Machado
Tab Machado

Hablando con mi madre días atrás le agradecía el hecho de que sus enseñanzas y sus prédicas me han permitido crecer ‘para adentro’ y generar un espíritu rebelde de no dar, jamás de los jamases, nada por perdido. Luchar sin desmayos ha sido desde siempre la actitud de mi madre y vaya que lo ha demostrado durante toda su vida, particularmente en el último tiempo…

Así como ella, mi padre me fue dando también (con ejemplos claros y concluyentes) lecciones de como conducirme en la vida y actuar con civilidad. Hoy, viendo lo poco que importan los valores y la escasa educación cívica que se demuestra por parte del género humano para interactuar entre congéneres, me pregunto si sus enseñanzas eran para este mundo o para uno ideal que la humanidad se empeña en ignorar olímpica y despectivamente.

Recuerdo claramente que mi padre, siendo ya uno de los principales de la Dirección Nacional de Aduanas de mi país, solía pararse SIEMPRE en la fila de los automóviles (o de las personas) cuando llegaba a un puesto aduanero y allí esperar pacientemente hasta que el funcionario de turno lo revisara.

Un día, que hacía mucho calor y no habíamos comprado nada, paró detrás de una fila de más de 50 vehículos. Con las ansias de niño y el fastidio por la temperatura agobiante le dije porque mejor no avanzábamos por el carril de al lado y simplemente evitábamos toda esa espera infructuosa y él, mirándome como solía hacerlo, me dijo: “Porque llegamos acá y hay que esperar. Sabes que jamás vamos a hacer valer nuestra posición en detrimento de los demás. Tú pasas y los demás quedarán esperando porque no tienen tu suerte y seguramente terminarán odiándote porque tú puedes hacerlo. Recuerda siempre que lo mejor en la vida y lo que más educa es el buen ejemplo”…

Si habrán enraizado en mí todos esos conceptos que cierta vez, siendo ya joven, volví a mí querido pueblo fronterizo a pasar unos días. Al regresar en autobús a la capital, donde residía, nos detuvimos en el puesto de aduana local y un funcionario subió para avisar a los pasajeros que debíamos bajar con todo el equipaje para revisión. Como estaba en la primera fila de asientos y ya había gente parada para descender, aguardé pacientemente y bajé último con mi pequeño bolso.

Estaba al fondo de la fila cuando el jefe de los aduaneros me vio y me gritó: “Tab… ¿andabas por acá?”, a lo que yo respondí, “si, estuve una semana pero ya me voy por mis estudios”… El jefe entonces me dijo: “Anda, sube al autobús y cuando vuelvas otra vez avísame así te invito a comer”… y acto seguido salió afuera del edificio para ver otros automóviles que llegaban. Yo me quedé allí, parado, haciendo la fila mientras todos me miraban extrañados. Al llegar a la revisión abrí mi bolso y me dijeron: “está bien, puedes seguir”…

Cuando volví a subirme al autobús vi que los ojos de los demás pasajeros estaban posados en mi… en aquel entonces era muy tímido así que traté de hundirme en el asiento y desaparecer de la vista de los demás, hasta que una señora se acercó y me dijo: “Disculpe, todos estamos muy curiosos y nos preguntamos ¿Quién es usted?” Y yo le dije, “¿Yo? Nadie, no soy nadie”. Entonces la señora volvió a decir: “pero los aduaneros lo conocían ¿por qué no se salió de la fila y volvió a subir al autobús cuando le dijeron?” Y yo le respondí: “lo que se aprende con ejemplos jamás se olvida y así me enseñó mi padre, qué es realmente el importante, no yo”…

En un mundo donde todos están apurados, complicados, estresados, irritados, siempre corriendo para poder conseguir dinero y poder, hay poco lugar para el civismo y la ética. Hoy la cuestión es ganar como sea y donde sea, así que el aprendizaje de valores espirituales como los que me inculcaron a mí y yo les lego a mis hijos y transmito a ustedes en mis notas, parecen ser aplicables tan solo en un mundo ideal que, hoy, es tan solo una lejana quimera…

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