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Envío por correo certificado…

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Envío por correo certificado…
Envío por correo certificado…

¿Quién no ha escuchado alguna vez historias extrañas que dicen haber ocurrido en nuestros propios pueblos? Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas…

Con el objetivo de ahorrarse de comprar los billetes de tren o avión, o hasta escapar de la esclavitud, algunas personas han hecho lo que resulta bastante insólito: enviarse por correo postal. Por ello, le presentamos tres historias inusuales de personas que fueron enviadas así mismas por correo postal.

A la edad de cuatro años, en febrero de 1914, May Pierstorff, una niña de Grangeville (Idaho) pidió a sus padres visitar a su abuela en Lewiston, a 120.70 kilómetros de distancia. Pero como el billete de tren que atravesaba las montañas de Idaho, era muy caro, pues para pagarlo se requería el

salario de varios días de trabajo de sus padres, optaron por otra alternativa.

Una vez que los padres de May se enteraron de que no había ninguna regla específica sobre enviar a personas por paquete postal, decidieron hacerlo.

Así pocos días después, el 19 de febrero de 1914, los padres de May presentaron un paquete en la oficina de correos en Grangeville, que pesaba 22.00 kilogramos, un peso menor al límite permitido de 50 libras (22.68 kilogramos.) El franqueo, de 53 céntimos en sellos, iba adherido al abrigo de May.

Dentro de esa caja, la niña viajó en el compartimiento de correo del tren, y una vez que llegó a su destino en Lewiston fue entregada totalmente sana en casa de su abuela por el secretario de turno, Leonard Mochel.

En 1849, Henry “Box” Brown, con el deseo de escapar de la esclavitud, se envió a sí mismo, ayudado por las redes abolicionistas por correo a Filadelfia.

En un viaje de unos 442 kilómetros (275 millas) que tardó unas 26 horas, Henry ‘Box’ Brown viajó todo ese tiempo en una caja, para colmo, bocabajo.

Un caso más reciente ocurrió en 2003, cuando Charles McKinley, quería visitar a su familia en Desoto (Texas) durante sus vacaciones. Y para ahorrarse el costo de boletos de avión, se envió a sí mismo en una caja, el 5 de septiembre, en el avión de Nueva York con destino a Dallas.

Sin embargo, no fue capturado por las autoridades hasta que, cerca de su destino, el repartidor llamó a la policía por que “había visto un par de ojos mirando desde el interior de la caja”.

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