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¿Eres un buen alquimista?

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Tab Machado

Con el paso de los años he aprendido que este mundo le ofrece al ser humano dos tipos de educación muy diferentes: la curricular, esa que te permite obtener el título habilitante de una profesión (cualquiera sea) y la social, aquella que se forja en los valores que nos da la familia desde niño y que luego se moldea definitivamente en la universidad de la vida y de la calle.

Lo curioso e increíble es que, en cualquiera de las dos formaciones, se repiten hechos claros y contundentes que marcan y demarcan a los buenos y malos profesionales y a las buenas y malas personas…

Es por eso que, si uno no se esfuerza por incrementar y mejorar ambas áreas simultáneamente, si no asimila la instrucción recibida, si se deja estar, si copia resultados aplicando la ley del mínimo esfuerzo, el resultado será, invariablemente, la obtención de malos profesionales y/o malas personas… El reverso de la moneda está en aquellos que aprovechan su instrucción en ambas áreas, convirtiéndose de esta manera en grandes profesionales y mejores seres humanos. Y hay, también, una tercera opción, aquellos que solo se preocupan por una de las dos educaciones: lo que nos deja como saldo personas muy instruidas y poco educadas o aquellas que son muy educadas y poco instruidas… Como verán, hay de todo en la viña del Señor.

Esto me hace recordar una anécdota que siempre contaba mi padre: El doctor de una población caminaba un día por la calle y una persona se le acercó diciendo: “¡Señor!, ¡Señor!, ¿Puedo hacerle una pregunta?”.  Un indignado transeúnte que pasaba por el lugar le dijo a aquel hombre: “¡No sea insolente! él es el Doctor del lugar, ¡diríjase a él con respeto! ¡Dígale Doctor!”… Y el galeno, apelando a toda su sabiduría, respondió: “No se preocupe, me siento muy honrado por el título de señor. En la vida hay muchos doctores y muy pocos señores. Para ser doctor basta la educación curricular, para ser un señor hacen falta muchas más cosas”…

La vida nos ofrece la fórmula alquímica perfecta para convertirnos en seres humanos productivos, respetados, estimados, queridos y apreciados, pero también nos da la responsabilidad de mezclar en su justa proporción cada uno de los elementos ofrecidos para que la formula se conjugue con éxito. De la buena disposición, constancia y habilidad que tengamos cada uno de nosotros para amalgamar dichos elementos dependerá en el tipo de personas nos convertiremos…

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