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Estacas en el corazón

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Tab Machado

Si hubiese un verdugo invisible e implacable que nos clavara una estaca en el corazón cada vez que se sufre dolor ¿Cuántas tendría usted en su pecho? Cuantas tengo yo… Y si ese verdugo aun tuviera la despiadada misión de empujar y remover, cada tanto, un poco más profunda esa estaca para que no olvides nunca que está ahí, ¿Cuánto serías capaz de soportarlo?

El dolor es un estímulo tan poderoso, intenso, emotivo y perturbador que monopoliza y colma por completo nuestra capacidad de atención, de tal manera, que nos impide centrarnos en cualquier otra actividad que tengamos,quitándole interés a las cosas y haciéndonos olvidar de nosotros mismos. Lo peor es que, si no somos capaces de luchar y liberarnos de él, la vida pasa deprisa por lo que la ansiedad, angustia y pena nos dejarán irremediablemente fuera del camino mientras el mundo avanza impertérrito e indiferente a nuestro padecer sin fin.

Afortunadamente existe un axioma universal que dice que nada se crea ni nada se destruye, sino que todo se transforma y el tiempo, ese ungüento poderoso que luego de pasarlo una y otra vez sobre una herida termina diluyendo el dolor hasta hacerlo casi desparecer (o al menos lo vuelve más confortable), nos da la gran oportunidad de reconstruir nuestro tejido elemental de esperanza alternando magistralmente dolores y alegrías que,mezclados finamente, nos regalan los dones de crecer y madurar.

Cuenta una historia que un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca. Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños. Todos coincidieron que era el corazón más hermoso que hubieran visto. El joven se sintió más orgulloso aún y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.

De pronto un anciano se acercó y dijo: “¿Por qué dices eso, si tu corazón no es más hermoso que el mío?”

Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares en su alrededor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos.

El joven contempló el corazón del anciano y al verlo se echó a reír. “Debes estar bromeando,” dijo. “Compara tu corazón con el mío… el mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor”.

“Es cierto,” dijo el anciano, “tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo… mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido.”

“Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos. Dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día, quizás, regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón. ¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?”

El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció. El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes. El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes porque, a pesar del dolor, el amor del anciano fluía en su interior.

Cuenta cada estaca que tienes en el corazón y no las olvides, pero no permitas que ellas sigan haciéndote daño permanentemente, más bien deja que el tiempo haga su obra y cicatrice las heridas mientras tú sigues tercamente adelante con la esperanza de ser feliz…

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