¡Estamos al horno!

Mientras la fiebre futbolera se roba la atención del mundo y desnuda el nacionalismo más irracional de una decrepita sociedad humana que aprovecha cualquier excusa para mostrar su xenofobia, la vida sigue tan vacía y banal como siempre. Quizás los éxitos y fracasos deportivos colmen hoy el interés y la curiosidad de todos, pero el tiempo no se detiene y tampoco el resto de las actividades humanas, aunque queden momentáneamente marginadas por el fulgor del mundial de Rusia.
Tanto es así que, si uno rasca apenas la epidermis de ese monstruo que llamamos humanidad, surgen noticias tan insólitas como preocupantes, que nos dicen que los valores morales y espirituales ya no son el patrón medida de la gente y solo queda una asquerosa y repulsiva morbosidad que no nos deja margen para ser juzgados y categorizados como seres pensantes y racionales.
En serio que vamos de mal en peor… y sino que me dice de los videos que se reproducen viralmente en las páginas de Facebook donde individuos que viajaron al mundial para seguir a sus países, amparados en la diferencia idiomática de otras personas, les hacen repetir frases obscenas e impúdicas que son lesivas para quien inocentemente las repite sin saber lo que está diciendo… O aquellos que, amparados en que están ‘celebrando’ las victorias de sus equipos, se unen en grupo y en una acción muy parecida a la anterior, centran toda su desvergüenza y nula educación entonando canticos machistas y sexistas mientras tiran a una mujer al aire o la suben sobre sus hombros…
También están, claro, los que se juntan en patota para golpear a simpatizantes del rival tan solo porque perdió su equipo preferido y buscan descargar su frustración de esa manera…
Es asombroso ver, a través de estas acciones, como la ética y el decoro han perdido la batalla ante la inmoralidad y el libertinaje… Será por eso, quizás, que el ser humano se parece cada vez más a los animales que decimos superar en ‘intelecto’, ‘raciocinio’ y ‘espiritualidad’…
Como dicen en mi pueblo: ¡Estamos al horno! ya que los valores morales han pasado a ser una rareza que pocos cultivan por miedo a que los consideren ‘tontos’, mientras el resto compite afanosamente rivalizando con sus iguales para ver quien comete la irreverencia más grande y así quedarse con el título del ‘vivo del año’, ufanándose del logro con una necia petulancia que brota únicamente de la ordinariez y la vulgaridad.
Debemos reflexionar profundamente cual es el legado moral y espiritual que queremos entregar a nuestros hijos y examinar muy bien nuestras acciones, ya que sólo es posible educar valores si uno lucha y se esfuerza por construirlos en su propia vida. ¿Aún estamos a tiempo? Si, aún estamos a tiempo… aunque no nos queda mucho margen para el error.

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