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Estamos mal…

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Créame cuando le digo que todos los días hago el mayor de los esfuerzos para ser optimista al pensar en un futuro venturoso para la raza humana… pero, es justamente el ser humano con sus actitudes y acciones, el que me demuestra a diario que lo único que puedo hacer es aférrame a una quimera tan ilusoria como imposible.

Es que, como puedo pensar en un  mundo mejor si la sociedad que hemos creado está vacía, muerta, fútil, sin rumbo, fatua y que su componente básico y fundamental que es el individuo (hombre/mujer) acumula tan solo años pero, ante el terror de que lo consideren viejo o fuera de la moda, ha preferido convertirse en un eterno Peter Pan que no madura porque prefiere evitar la crisis del crecimiento, refugiándose en la fantasía y la “atemporalidad”, evitando así el dolor psíquico que exige el camino a la madurez mental y espiritual.

Y no hay que ser muy letrado ni hay que profundizar mucho para observar este decadente fenómeno, basta tan solo ser observador paciente de la sociedad humana y sus individuos para ver esa superficialidad aletargante y letal que nos ido adormeciendo la mente y cocinando el cerebro, a tal punto de que ya no podemos pensar.

Mire Usted, si habremos caído bajo en nuestra banalidad e insipidez que hace unos días atrás se vendió un cheeto (snack) en casi 100,000 dólares (si ¡CIEN MIL dólares!) porque tenía la forma de un gorila. La noticia fría narra que la oferta ganadora ascendió a la astronómica cifra de 99,900 dólares y que hubieron 132 intentos de compra durante los días que se mantuvo a remate el insólito objeto. Pero no crea que esto es una noticia aislada… es tan solo un ejemplo de miles de crónicas similares que pululan por las redes y que muestran cuan triviales se han vuelto nuestras aburridas, tediosas y monótonas vidas.

La lucha intestina que enfrenta la superficialidad contra lo trascendental es tan cruel y desigual, que la única forma de no dar la batalla por perdida es platicando y denunciando lo que sucede, con la secreta esperanza de que algún día despierte, en el interior de cada uno de nosotros, la necesaria conciencia que nos conduzca un paso más allá como especie. Por ahora déjeme decirle que vamos muy mal pero, como soy un optimista incorregible, aun tengo la esperanza de que (de la nada) pueda surgir una luz que nos conduzca a buen puerto. Como siempre le digo: de usted depende y de mi también…

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