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Estigma(tizados)

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El género humano es la especie más cruel y despiadada que habita el planeta tierra, no solo ha concebido e ideado las armas más letales para enfrentar y exterminar a los de su misma especie, sino que también ha utilizado su malgastado y raquítico intelecto para estigmatizar a sus congéneres de todas las maneras posibles…

Basta salirte un poco del figurín o estándar que ha creado la sociedad como modelo de perfección para ya tener una primera señal marcada en la frente. Ni que hablar si las mismas se van sumando una tras otra… Depende de cuál sea tu aspecto físico, estigma, si ya llegaste a determinada edad, estigma, si tienes otro color de piel, hablas otro idioma o tienes diferentes creencias, estigma. Si eres pobre o si no participas de ciertos estratos sociales, también estigma, o si eres inmigrante y tienes diferente origen étnico, no tienes posibilidad ninguna de escaparte del estigma… Podríamos seguir de esta manera indefinidamente: diferente sexo u orientación sexual, estigma, estado civil, estigma, tímido o retraído, estigma, como no será la cosa que si hasta uno es demasiado bueno lo rotulan y le ponen motes que son motivos de burla y señalamiento…

Y así vamos en la vida, siendo catalogados por personas que se creen perfectas porque no tienen tiempo, ni decencia, para verse a sí mismo y reconocer sus verdaderas miserias. Porque ¿quién o quiénes son los que, en definitiva, creen tener autoridad para estigmatizar a otra persona? Aquellos que se sienten superiores a los demás y que presumen su ignorancia absoluta.

Ver en los demás lo que uno tiene por montones debe de ser uno de los peores pecados y defectos del hombre y últimamente esas personas pululan por toda la sociedad, desde simples mortales hasta ‘encumbrados y conspicuos’ políticos…

Y, para que no queden dudas de lo que estamos hablando, esta es la definición de la  palabra discriminación: acción u omisión realizada por personas, grupos o instituciones, en las que se da un trato a otra persona, grupo o institución en términos diferentes al que se da a sujetos similares, con un prejuicio o consecuencia negativa para el receptor de ese trato. Habitualmente, este trato se produce en atención a las cualidades personales del sujeto que es objeto del mismo, aunque también puede deberse a otros factores, como el origen geográfico, sus decisiones u opiniones en lo social, lo moral, lo político u otra área de interés social.

Es claro ¿no? Lo recalco porque muchas veces nuestros prejuicios, escrúpulos y decisiones apresuradas a la hora de juzgar nos hacen valorar erróneamente a las personas y a cometer las peores equivocaciones.

Por eso hay que tener muy en cuenta que la terquedad y la obstinación promueven en el ser humano sentimientos egoístas e individualistas que levantan enormes bardas insalvables, alejándolos del más noble de los propósitos: vivir en armonía con sus semejantes.

Dice un viejo proverbio que peleando, juzgando antes de tiempo y alterándonos no se consigue jamás lo suficiente, pero siendo justo, cediendo y observando a los demás, con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se espera.

Pedirle a la sociedad humana que revea su postura egoísta y radical para con sus congéneres es una utopía que no pretendo modificar con este texto pero, al menos, escribo esta nota con la esperanza de que juntos tomemos conciencia del problema y hagamos un cambio en nuestra propia forma de juzgar, porque si nosotros cambiamos, cambia nuestro entorno y, a la larga, también cambia el mundo…

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