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Tab Machado

Nos hemos acostumbrado tanto a quejarnos, lamentar, protestar, reclamar y hasta gruñir contra nuestra suerte o nuestro destino, que en poco tiempo la sangre de toda la humanidad pasará a ser del Factor RH-.

Eso ocurre porque estamos tan ensimismados en ver lo que nos falta, que ya casi no reparamos en lo que tenemos y eso hace que el espíritu se agrie, el alma se amargue y ya no encontremos ningún motivo suficiente para ser felices o, al menos, para esbozar una tenue sonrisa de satisfacción momentánea.

La grey humana ha sorteado con éxito una enorme cantidad de retos en su evolución mental y psicológica, pero parece haber llegado al borde de un peligroso despeñadero y estar con un pie en la tierra y el otro en el aire ante el mayúsculo desafío que le propone la insatisfacción individual y colectiva de una sociedad que, motivada por un consumismo feroz, ego macroscópico y ostentación obscena, parece estar a punto de derrumbarse a un vacio mortal.

Cuenta una historia que en una esquina de un inmenso huerto había un gran árbol que no era feliz porque las plantas que habían a su alrededor le impedían usufructuar para él solo, todos los nutrientes y agua que habían en el área y así realzar su hermosura. Los niños y las aves se acercaban a él y disfrutaban de sus frutos pero él tampoco era feliz con eso porque eran menos adornos los que colgaban de sus ramas. Tan desconforme estaba el árbol que sus raíces comenzaron a agriarse y la savia comenzó a correr por su tronco con el sabor más amargo que se podía soportar. Esto afectó a sus frutos primero y los niños y las aves dejaron de venir a él para comerlos, luego las plantas cercanas empezaron a retirarse porque el acido que destilaban sus raíces secaban el suelo volviéndolo árido y yermo.

Por unos momentos el árbol se sintió feliz por estar logrando lo que siempre había querido, hacerse lugar para crecer a gusto, así que intensificó todo lo que pudo el amargor de sus raíces y la acidez de su savia hasta que ya no hubo nada mas a su alrededor… Pero cuando se dispuso ocupar el área que había quedado, para alcanzar su verdadera belleza, se dio cuenta que allí ya no había nutrientes posibles, por lo que se quedó definitivamente sin frutos, sin hojas y sus ramas se fueron retorciendo en una contracción y rictus fantasmagórico que asustaba y alejaba a todos los que se animaban a pasar a su lado hasta que, por fin un día, el granjero modificó la cerca, para dejarlo definitivamente fuera del huerto…

Cuando la raíz de una planta se vuelve amarga, todo fruto que produzca su tronco será inevitablemente ácido, agrio y desabrido, por lo que ya nadie tendrá un motivo para cultivarla, quedando inevitablemente relegada y en el olvido. Lo mismo pasa con las personas que encuentran un problema en cada solución y que su vida solo se resume a quejarse, pues los que están en su entorno los evitarán primero y los olvidarán después…

Evita caer en la tentación de quejarte y amargarte permanentemente. Es cierto que todos anhelamos que la vida sea un vaso rebosante de alegrías, éxitos y triunfos constantes, donde no haya ni un solo espacio para las tristezas, el fracaso o el error, pero si no conocemos ese lado de las cosas, ¿cómo gozar plenamente con los logros obtenidos? ¿Cómo templar nuestro espíritu para sobreponernos a las dificultades? La vida ofrece siempre dos caras y en ambas debemos mirarnos para crecer y disfrutarla en su justa medida… recuerda que más vale gozar a pleno lo poco que podemos atesorar en nuestras almas que quejarnos permanentemente por aquello que no podremos tener jamás…

 

 

 

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