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Fari elmontradon
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Si capturé su atención con el título de la editorial ¡qué bueno! porque creo que el tema de esta semana bien vale una reflexión. La frase de inicio está escrita en Esperanto, un idioma que se creó a finales del siglo XIX con la esperanza de que se convirtiera en una lengua auxiliar internacional con la cual todos pudiéramos comunicarnos y entendernos mejor y significa ‘hacer ostentación’.

Tal vez escribiendo en este el lenguaje sea más fácil que nos entendamos todos y tomemos conciencia de nuestro mundo exterior e interior, aunque dificulto que eso ocurra ya que el peor monstruo que ha creado la humanidad es el propio ser humano: frio, egoísta, calculador y presuntuoso. Un espécimen que todo lo hace pensando en el disfrute personal, la ostentación, la petulancia y el avasallamiento…

Es por eso que vivimos en un mundo sin rumbo y sin razón, dando tumbos, a lo que salga, enredados, confusos y sin comprensión. Si será así que esta semana y hasta el 11 de diciembre, 155 Jefes de Estado y de Gobierno se han reunido en Paris, Francia, para buscar y adoptar un acuerdo entre naciones para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Una loable intención que, paradójicamente, trata de mitigar lo que el propio hombre ha generado en nombre del progreso, la economía, el desarrollo y un ‘mejor vivir’ para todos aunque, como siempre, sean unos MUY pocos los que ostentan esos beneficios.

Más de un centenar de gobernantes juntos, haciendo alarde de su ‘generosa intención’ de solucionar un tema acuciante, lástima que cada quien hable en su idioma (el del interés propio), ninguno quiera ceder un palmo de sus beneficios y poco importe que el mundo se caiga a pedazos. Quizás si el mensaje ‘amaos los unos a los otros’ se hubiese divulgado por todo el planeta en un idioma internacional como el Esperanto, la humanidad hubiese entendido cual era el rumbo a seguir, pero estamos muy lejos de eso….

Tal es así que, mientras los mandamases intentan componer lo que han descompuesto ‘para vivir mejor’, la mayoría del resto de los mortales completan el cuadro tragicómico de esta comedia llamada sociedad, preparándose para celebrar en pocos días más la Navidad con fastuosas fiestas, muchos regalos, ropa fina, comida y alcohol en un derroche que ostentarán luego con mucho ímpetu en las redes sociales, compitiendo y rivalizando en quien la ha pasado mejor… Pero, ¿es esa la forma en la que se debería recordar a quien dejó por legado: la humildad, el amor al prójimo, el respeto a sus semejantes y la austeridad como camino a la salvación del alma?

Quizás si este mensaje hubiera sido divulgado en Esperanto y todos nosotros supiéramos esa lengua universal habríamos entendido el mensaje real que nos fue enviado… antítesis plena de lo que celebra la gente que ni siquiera repara en los cómo y por qué.

Los políticos en Paris y el resto de las personas en el mundo estarán muy preocupados estos días en exhibir y mostrar sus ‘bonachones’ propósitos (ocultando muy bien sus aviesas intensiones) con el solo fin de ostentar una fachada que en realidad no tiene soporte. Como ‘sepulcros blanqueados’ se verán… ostentosos por fuera pero sin vida por dentro. Por eso reflexionemos en este mes dedicado a la espiritualidad, dejemos de fari elmontradon (hacer ostentación) y reformulemos nuestra vida para dar razón a esas 8 palabras que podrían cambiar al mundo: ‘ama a tu prójimo como a ti mismo’. Seamos responsables de nuestro destino porque de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno… de ti depende y también de mi…

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