Home Historia de los Mundiales Francia 1938: Italia defiende con éxito su corona

Francia 1938: Italia defiende con éxito su corona

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Francia 1938: Italia defiende con éxito su corona
Francia 1938: Italia defiende con éxito su corona

La candidatura de Francia superó las aspiraciones argentinas de organizar el tercer Mundial. Los europeos sacaron ventaja al asegurar que tenían los medios necesarios para organizar un gran


mundial. Además, desde 1921, el francés Jules Rimet era el presidente de  FIFA quién hizo sentir la influencia de su cargo en el Congreso de París de 1936, durante la disputa de los Juegos Olímpicos.

La tercera Copa Mundial se disputó en Francia, mientras los nubarrones de la guerra se cernían sobre toda Europa y la política dejaba fuera a varias de las principales naciones. Austria se clasificó, pero decidió retirarse… Brasil y Polonia disputaron en Estrasburgo uno de los mejores partidos de la historia, que acabó, tras la prórroga, con victoria para los sudamericanos por 6-5, gracias a cuatro goles marcados por Leonidas, quien jugó un rato descalzo. En la final, celebrada en París, Italia venció a Hungría por 4-2.

El Mundial celebrado en suelo francés, en estadios remodelados para la ocasión, disfrutó de un enorme éxito popular y constituyó la última oportunidad en la que fue posible exhibir la fraternidad internacional a través del fútbol antes de que, al año siguiente, estallara la guerra.

Francia 1938: Italia defiende con éxito su corona
Francia 1938: Italia defiende con éxito su corona

La Guerra Civil hacía estragos en España, Alemania se había anexionado, Austria y una Europa acosada por las crisis estaba preparándose para las hostilidades cuando la FIFA decidió que la tercera Copa Mundial se celebraría en Francia. Para estar a la altura de las circunstancias, se realizaron obras de ampliación en el Estadio de Colombes y se remodelaron los estadios de Burdeos y Marsella. Además, por primera vez, la nación anfitriona y la campeona vigente se clasificaban automáticamente. Sin embargo, una vez más, algunos países sudamericanos boicotearon la competición al considerar que, esta vez, le tocaba a Argentina organizar el torneo y no a Europa de nuevo.

Brasil, por su parte, asistió y resultó ser la principal atracción de la competición, al desplegar su inimitable juego táctico. Empezaron la competición con muy buen pie y justificaron su reputación venciendo a Polonia 6-5 (con prórroga incluida): Leonidas, “el diamante negro” y Willimowski marcaron cuatro goles cada uno. Desgraciadamente, el encuentro de cuartos de final disputado en Burdeos entre Brasil y Checoslovaquia degeneró en una tángana monumental: tres jugadores fueron expulsados y otros cinco heridos, dos de los cuales fueron trasladados urgentemente al hospital con rotura de brazo.

Francia, la nación anfitriona, venció a Bélgica 3-1, gracias a las prestaciones del extremo derecho Fred Aston, cuyas desbordantes incursiones en el área rival resultaban decisivas. Por desgracia para los 58.455 hinchas que abarrotaban el estadio Yves-du-Manoir, situado en Colombes, para presenciar el encuentro de cuartos de final, Francia sucumbió ante Italia por 3-1 y a diferencia de lo que ocurriera en Uruguay e Italia en las dos competiciones anteriores, esta vez la anfitriona no se alzaría con la victoria de la Copa Mundial celebrada en su propio territorio.

Francia 1938: Italia defiende con éxito su corona
Francia 1938: Italia defiende con éxito su corona

El encuentro de semifinales entre Italia y Brasil prometía ser una final anticipada, pero el seleccionador brasileño, Adheniar Pimenta, cometió un grave error al decidir dejar fuera a dos jugadores claves, uno de ellos el gran goleador Leonidas. Pimenta declaró: “Lo conservo para la final”. La escuadra “azzurra”, lejos de sentirse intimidada, salió victoriosa (2-1) y se ganó el derecho a defender el título ante Hungría, que había batido a Suecia sin problemas.

En la final, Meazza y Ferrari, los dos organizadores del combinado italiano, se entendieron a las mil maravillas y, el ya por entonces legendario pragmatismo italiano hizo el resto.

Italia se alzó con el triunfo (4-2) y, tras dos victorias consecutivas en la Copa Mundial, entró en la historia del fútbol como una de las mejores selecciones nacionales de todos los tiempos. Desgraciadamente, estalló la guerra y puso fin a la competición durante doce años y, probablemente, privó a esta generación italiana, repleta de jugadores de talento, de disfrutar de mayores glorias.

La anécdota más jocosa de este mundial fue en la final, estaba todo dispuesto para el comienzo del partido, cuando el primer ministro de Francia, Albert Lebrum, descendió del palco de honor para desearles suerte a los protagonistas del partido. Al primero que saludó fue a Jules Rimet, al que en voz muy baja le preguntó cuál de los dos equipos era Francia. El por entonces presidente de la F.I.F.A., lo tomó del brazo y lo dirigió delicadamente hacia el árbitro Georges Capdevielle, designado en agradecimiento por la brillante organización gala. Lebrum saludó a los futbolistas, al juez y se retiró raudo a su palco.

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