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Fulano de tal

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Hay algunas personas que les gusta vivir en espacios grandes, ya que disfrutan del anonimato, se sienten libres de la presión de tener que marcar territorio a diario y de tener que ser siempre el ‘más grande’, ‘el único’ o ‘el excluyente’. En cambio hay personas que prefieren empequeñecer los lugares que habitan dado que el exiguo espacio los hace ver muy grandes y, como abarcan casi toda el área existente, se creen muy, MUY importantes…

Para aquellos que se creen importantes y únicos, el lugar donde habitan siempre va a resultar pequeño porque su figura ‘lo abarca todo’, en cambio para los que prefieren el anonimato y la generalidad siempre habrá lugares grandes porque su espíritu es el que se siente liberado de la presión de ser ‘el protagonista’.

Claro que vivir en el anonimato exige una condición mental y espiritual muy grande, ya que se debe de estar obligatoria y genuinamente exento de afán protagónico para disfrutarlo cabalmente. En cambio, vivir tratando siempre de ser el protagonista principal de todo cuanto ocurre, requiere una exaltación total del ego y un aprecio excesivo y constante a uno mismo…

Este tema me hizo recordar una conversación de la que fui participe involuntario hace algún tiempo atrás y que explica el porqué, a veces, la gente prefiere vivir en espacios reducidos y no aventurarse a lugares grandes. En esta plática (real, verdadera y de la cual doy fe) un joven que había viajado de su pueblo hacia la gran ciudad para poder trabajar en su flamante profesión, le decía a una pariente mayor… “¡No puedo más! ¡Voy a dejar el trabajo y me vuelvo al pueblo!”. Su pariente lo miró extrañada y, con algo de desazón en su voz le dijo, “Pero… si te dieron el puesto que querías, el sueldo es muy bueno, los jefes están contentos contigo y tienes por delante un futuro enorme… ¿Por qué te quieres ir?” Y el joven con la angustia pintada en el rostro y casi sin aire en los pulmones producto de la opresión que sentía en su pecho le respondió: “¡Es que aquí no soy nadie y en el pueblo soy FULANO DE TAL!”…

Para sentirse sustancial, valioso, excluyente y único, un individuo debe alimentar constantemente la autoestima en forma compulsiva y, cuando ya no se puede elevarla más, entonces ‘el protagonista’ invariablemente comenzará a achicar el espacio que habita para seguir siendo ‘importante’. Lástima que, al final, de tanto reducir su hábitat termina viviendo dentro de ‘una botella’ (con todas las connotaciones negativas que eso conlleva), ya que allí el espacio es muy reducido por lo que su figura se agigantará cuanto él quiera y así podrá satisfacer su ego, aunque (claro está) terminará mirando a los demás a través de un grueso cristal que le quitará toda perspectiva del mundo real, pero ese es el precio que muchas personas están dispuestas a pagar para ser, finalmente, FULANO DE TAL…

 

 

 

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