Hábitos

Como siempre les digo, de mi diario convivir con la gente es de donde aprendo y obtengo el material más precioso para compartir con ustedes… Allí, en ese contacto diario, es donde descubro al verdadero animal que oculta tras de sí el género humano.

Hace unos días atrás alguien publicó en las redes sociales: “Comenta un hábito que te mantiene en la pobreza” y dentro de las muchas respuestas que leí hubo una que pinta de cuerpo entero a buena parte de los seres humanos… Decía así: “Lo di todo por los demás… pero hoy que necesito ayuda estoy solo, parece que no existo”.

Si ya de por si fue desgarrador leer esa frase, igualmente lo fue pensar que hay gente que suele servirse de los demás olvidando olímpicamente que todos tenemos necesidades que satisfacer. Por eso el agradecimiento y la reciprocidad serán por siempre el bien más difícil de adquirir y prodigar, porque tiene al egoísmo como obstáculo máximo.

Cuenta una historia muy antigua que Elías, que era muy pobre, juntó centavo a centavo dinero para alegrar a su esposa comprándole un vestido nuevo. Cuando tuvo la cantidad necesaria, se la entregó a su esposa para que fuera a lo del sastre que se lo confeccionaría. El sastre, que también era pobre y estaba por casar a una hija, trabajó arduamente una semana hasta que finalmente lo pudo terminar.

Cuando llegó la esposa de Elías a lo del sastre para llevarse el vestido, observó que el hombre estaba sumamente apenado. Al preguntarle por el motivo de su tristeza, este le contó que cuando estaba haciéndole la ropa, entró su futuro consuegro y, viendo la hermosa prenda, pensó que era el traje de bodas del casamiento de su hija. Cuando el sastre le dijo que no era para su hija, sino para la esposa de Elías, el hombre se enojó mucho a tal punto que amenazó con anular el casamiento. Al escuchar la esposa de Elías lo sucedido, decidió regalarle su vestido a la hija del sastre, para que ésta lo usara para su casamiento.

Cuando regresó a su casa y le contó a su marido lo ocurrido, el hombre le preguntó si le había pagado al sastre por el trabajo que había realizado. Ella sorprendida le dijo: “¿Pagarle por su trabajo? ¡Si le regalé el vestido!”

Su esposo entonces le respondió: “¿qué tiene que ver que le diste el vestido de regalo, con el pago de su salario por haberlo hecho? Él trabajó durante más de una semana esperando recibir el pago para poder alimentar a sus hijos hambrientos. ¿Es que acaso por haberle dado de regalo el traje para su hija, estás exonerada de pagarle por el trabajo que fue realizado?”

La esposa de Elías, entendiendo lo que su marido le explicaba, salió inmediatamente a lo del sastre y le pagó por el tiempo de su trabajo …

El que trabaja, aunque sea en forma voluntaria, siempre debe de tener un pago por su esfuerzo. Si bien el reembolso no tiene que ser siempre con dinero (aunque puede), un gracias de corazón, una ponderación o una devolución de favores también puede ser un excelente bálsamo para el espíritu.  

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