Home Editoriales Carlos Rojas Hasta que la muerte nos separe…
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Hasta que la muerte nos separe…

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El hombre vive en una eterna competencia y cuando mencionamos esto estamos refiriéndonos a los dos, a Ella y a Él, al hombre y a la mujer. Dos seres que un día se conocieron, quizás desde pequeños o quizás más tarde en su cuadra, en su pueblo, en la escuela, en el trabajo, en el camión, en el baile, en una reunión…en fin, en algún lugar de esta bendita tierra y decidieron que entre ellos existía alguna afinidad. Se trataron, acrecentaron su amistad, hasta se enamoraron y quizás se unieron felizmente en matrimonio…

Esta  es la historia de muchas parejas y de historia o historias, todas ellas con un principio muy sólido, muy bonito y  hasta prometedor de irse ambos por el camino señalado, con aquello de  hasta que la muerte los separe… y la muerte sin tener vela en el entierro ni se enteró de la desavenencia  de estos seres que un día se juraron amor eterno y que, de repente, se les olvidó…

Vaya forma tan simple de llevar una vida al fracaso. Todo empezó porque de repente él perdió su trabajo y ella fue ascendida en su compañía, esto la hacía no preocuparse, porque en casa nada faltaría con lo bien que ganaba ella y, con el cuidado que él diera a la casa y a los niños,  se solucionaba la situación y los niños estaban seguros y bien dirigidos por su padre.

En esta historia que es verdadera  no hemos querido usar nombres porque no hacen falta, esta triste historia… la conocemos todos, porque pasa en todas partes, ojalá que usted no conozca ninguna historia así y mucho menos que la haya vivido…

Interrogación, cuestión o simple pregunta: ¿porque no queremos ser felices?… o porque no queremos darnos cuenta de algo tan sencillo que sería reconocer que a la mujer nunca la hemos querido comprender o aceptar, que su ayuda  como en este caso es muy valiosa…

Fíjense que, en este caso, él no pudo aceptar que ella haya sido promovida ganando más y que también se sentía segura de que él, al perder su trabajo, se quedaría en casa, tomando la gran ventaja de estar más de cerca con sus niños… Pero como no soportó él, los problemas se multiplicaron y ellos llegaron a la triste, muy triste separación…

¿Todo porque?… porque se nos dijo siempre que las mujeres nunca podrían ser más que los hombres… vaya mentira tan grande, si los dos somos seres humanos y venimos del mismo divino creador, nos hemos unido para luchar juntos y se nos aclaró que estaríamos juntos en las buenas y en las malas… pero (otra vez surge el pero) se nos olvida…

Los tiempos nunca fueron fáciles y ahora menos, cuando por las angustias y situaciones  perdemos energía, perdemos fuerza y, a veces, hasta se debilita nuestra fe, tenemos que mantenernos y comprendernos más unos a otros y mayormente las familias que son fuente y  ejemplo para nuestros hijos.

En el fondo de cada uno de nosotros mora el poder, la fuerza, la magia, la voluntad, la disciplina y la decisión para poder alcanzar cualquier logro. Estamos en tiempos donde el hombre, busca con avidez, la tranquilidad, la paz, la armonía, la comprensión y la realización de sus sueños. Creemos o alguien pensará que esto es difícil, pero no lo es, solo tenemos que auto-observarnos para descubrir que en cada uno de nosotros radica el bien y el mal, así que solo nos queda por discernir y tomar el camino que estamos buscando, porque somos seres muy afortunados.

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