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Hay un solo camino…

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Como era previsible y ya se avizoraba, el eco de una campaña electoral particularmente aguda y acida, con promesas radicales y palabras poco amistosas, ha calado hondo en el ánimo de todos luego de la elección nacional por lo que nos encaminamos a un futuro incierto y plagado de interrogantes, que producen nerviosismo y temor.

Es que, luego del 8 de noviembre, se ha producido un sismo profundo que ha dividido al país en el campo político y de ideales, generando tensión y una ola creciente e inusitada de discriminación, que debería cesar de inmediato por el bien de todos. Esto sucede en centros de educación, en el trabajo y en lugares de bien común, afectando a niños, jóvenes y adultos por igual. Tristemente este tipo de discriminación procede de dichos proferidos por los propios líderes políticos, que son los que deberían de dar el ejemplo en materia de tolerancia y respeto, por lo que era previsible que esto que ocurre hoy se generalizara de manera hiriente, chocante y dolorosa.

La comunidad hispana e inmigrante ha sido el blanco mayoritario (pero no único) de esos ataques y burlas que se expresan por doquier, lo que genera preocupación y pena por lo que se vive. Incluso desde las redes sociales se han hecho miles de reclamos, se han divulgado cientos de videos con los hechos antes mencionados y se ha denunciado lo que está sucediendo. Sin embargo, si bien estas demostraciones son importantes, el momento que se vive implica un esfuerzo mayor de parte de todos: dejar la apatía habitual, los egoísmos, renunciar a la comodidad de hacer únicamente las cosas que nos gustan o dan placer y de quejarnos cibernéticamente, para participar activamente en los foros y reuniones de las organizaciones comunitarias que nos permiten conocer nuestros derechos y ser una voz activa mas que se una al coro general que clama por que se reconozca el gran aporte que la comunidad hispana e inmigrante hace a este país.  Desde la comodidad de la casa o solo realizando actividades que nos diviertan, mientras se cede la responsabilidad a otros para que defiendan lo que padecemos todos (incluidos obviamente esas mismas personas que prefieren no cambiar su cómoda rutina, aun siendo afectados por lo que ocurre) no se logra cambiar nada.

Para que contemos realmente en este país, para que seamos vistos como debemos, para que nos tomen en consideración, para que se pueda apreciar nuestra contribución positiva, para que seamos parte de la solución y no nos convirtamos en parte del problema debemos de seguir un solo camino: participar, contribuir, concurrir y tomar parte activa en nuestra comunidad. Así y solo así podremos realmente dar un paso como individuos y como comunidad al mismo tiempo. Ya no hay lugar para el egoísmo o el comodísimo, recuerda siempre que nunca estás tan lejos de un problema para que el mismo no te llegue a afectar… por eso, cuando veas las barbas de tu vecino arder pon las tuyas en remojo y para eso hay un solo camino hoy: participar, participar y participar.

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