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Hechos vs Palabras

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Tab Machado

Miles de palabras bonitas podrán encubrir, enmascarar o justificar una intención, pero tan solo una acción o hecho la corrobora irrefutablemente. Tal es así que en los juicios lo único en lo que se deben de basar los jurados para dar su veredicto final son en las pruebas o hechos, no las palabras de los actores.

En la vida cotidiana es igual: el ser humano se ha acostumbrado a justificar una intención con miles de palabras “convenientes” pero si ellas no van

acompañadas de una acción o un hecho correspondiente el resultado, a pesar de los pesares, es nulo.

Claro que, en un mundo donde todo se vale para conseguir un resultado favorable a los deseos personales, la palabra ha pasado a ser una herramienta poderosa que seduce, embelesa, conquista y persuade solo que uno, para no caer en ese hechizo y ser presa de palabras huecas, debe siempre de contraponer el hecho a la palabra ya que, como dijo alguna vez el gran poeta inglés Alexander Pope: “las palabras son como las hojas, cuando abundan es porque hay poco fruto entre ellas”, lo bueno y sabio es aprender a distinguirlo.

Una fábula de Esopo, que me hizo llegar hace unos días atrás un gran amigo como lo es Tomás Pacheco, ilustra claramente este pensamiento. La historia narra que una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al sitio de un leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña y que esperase allí hasta que pasara el peligro.

La zorra le hizo caso y, apenas entró a la cabaña, casi de inmediato llegaron los cazadores y le preguntaron al leñador si había visto al escurridizo animal.

El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido la zorra. Los cazadores no comprendieron las señas de la mano y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra, así que siguieron su camino.

La zorra al verlos marcharse salió y, sin decir nada, comenzó a adentrarse nuevamente en el bosque. El leñador entonces le reprochó al animal la ingratitud porque, a pesar de haberla salvado no le daba las gracias, a lo que la zorra respondió: “Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo”.

La moraleja de la historia es bien clara: nunca niegues con tus actos lo que pregonas con tu boca. Por eso siempre recuerda que la palabra, sin un hecho que la reafirme y refrende, es como una enorme y hermosa burbuja de jabón, cuya delgadísima corteza se corrompe y colapsa al menor contacto con el exterior, ya que carece de una consistencia que la soporte…

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