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Historias y leyendas de fantasmas

Historias y leyendas de fantasmas

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Esta semana les traemos tres historias de fantasmas y apariciones sorprendentes. Iniciamos con la historia del fantasma de John Daniel.

En 1728, en Beaminster, Dorset, fue encontrado el cuerpo del niño John Daniel a 180 metros de su casa. Su muerte fue atribuida a causas naturales. La madre del muchacho declaró que éste sufría frecuentes ataques de una enfermedad no mencionada. Pero siete semanas más tarde, doce compañeros de escuela de John vieron al fantasma del niño sentado en un pupitre de su clase, con un ataúd cerca.

Una vez el magistrado local, el juez Broadreps, hubo interrogado exhaustivamente a cada uno de los alumnos, quedó claro que todos los relatos sobre la aparición espectral coincidían.

Entonces el juez ordenó que el cadáver fuera exhumado. La investigación forense reveló que John había muerto en realidad por estrangulamiento pero su asesino nunca fue capturado. Desde entonces, la patética figura de John suele verse en las cercanías de la iglesia de SL Mary.

El fantasma que enseñó donde estaba su propia tumba

En Australia, en 1826, un fantasma ayudó a resolver el enigma de una desaparición. Un agricultor, Frederick Fisher, fue encarcelado porque no podía pagar sus deudas. Para impedir que sus acreedores se apoderaran de las tierras que poseía en Campkeltown, en Nueva Gales del Sur, transfirió su propiedad al ex convicto George Worrall. Seis meses después, Fisher fue puesto en libertad.

Una noche, después de una reunión en la taberna local, donde corrió la bebida en abundancia, Fisher salió a la calle y nadie lo volvió a ver. La policía investigó el caso, pero no pudo encontrar ninguna prueba de que se hubiese cometido un delito, aunque sospechaba que Worral había asesinado a su antiguo amigo.

Tiempo después, durante una noche particularmente oscura, un vecino del desaparecido llamado James Farlev vio una misteriosa figura sentada sobre una valla; el fantasma apuntaba con un dedo hacia un lugar determinado, en la propiedad de Fisher. James Falrey huyó espantado, pero al día siguiente regresó con un policía.

Cuando excavaron en el lugar indicado por el fantasma, encontraron el cadáver de Fisher, que aún mostraba señales de haber sido brutalmente golpeado. Worrall fue arrestado, confesó y fue ahorcado.

El cráneo de Anne

En Burton Agnes Hall, una suntuosa mansión de la época del rey Jacobo V, se encuentra en el condado de York, situada entre Bridlington y Driffield. Fue mandada a construir por tres hermanas solteras con el dinero que heredaron de su padre, sir Henry Griffith, a principios del siglo XVII. Poco tiempo después de que la obra estuviese concluida, Anne, la menor de las tres hermanas, fue atacada por un grupo de ladrones en las cercanías de Harpham. Sus gritos alteraron a los vecinos, que acudieron en su ayuda. Pero, cuando la rescataron, Anne ya había sido golpeada de manera tan salvaje que, aunque se consiguió transportarla a su casa y se la atendió lo mejor posible, resultó claro que ya no se recobraría.

Poco antes de morir, Anne hizo a sus hermanas una petición extraña: les pidió que cuando muriera le cortaran la cabeza y la conservaran entre las paredes de la casa que había amado tanto. El resto del cuerpo debía ser enterrado normalmente en el cementerio. Anne advirtió acerca de las consecuencias que tendría el hecho de no ser complacida en su último deseo por lo que las dos hermanas prometieron que cumplirían su última voluntad aunque no tenían la menor intención de cumplir la promesa. Así que, cuando murió, Anne fue enterrada completa en el cementerio.

Pocos días después se escuchó un gran estrépito en uno de los cuartos del piso superior de la mansión. Siete días más tarde, todos los habitantes de la casa fueron despertados por los portazos, que se sucedían en todos los puntos del edificio.

Tres semanas después del entierro de Anne, la casa entera se estremeció con el ruido de gente que corría por los pasillos y subía y bajaba las escaleras. Luego, se oyó un horrible gemido. Los ruidos fantasmagóricos continuaron durante toda la noche y, a la mañana temprano, los sirvientes empacaron sus pertenencias y se fueron. Las dos hermanas resolvieron acudir entonces al vicario y cuando le confesaron el deseo expresado por Anne en su agonía, el cura aceptó que se abriera la tumba. Cuando exhumaron el cadáver hubo una gran conmoción ya que la cabeza de Anne estaba separada del resto del cuerpo y la carne de su cabeza había desaparecido, dejando al descubierto una simple calavera.

Las hermanas se llevaron el cráneo a la mansión y desde ese momento las apariciones espectrales cesaron. A lo largo de los años, la casa tuvo varios dueños, que cambiaron de lugar la calavera, a la que se dio el nombre de Anne Nance. Cada vez que se realizaba este traslado, se oían misteriosos pies que se arrastraban y extraños ruidos en los pasillos, seguidos de estruendosos portazos v terroríficos gemidos, de esta manera, los sucesivos dueños de la casa se vieron obligados a restituir el cráneo al lugar que Anne había pedido permanecer para siempre.

 

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