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¿Homos sapiens o primates?

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Tab Machado

Es una gran desilusión comprobar diariamente que, luego de miles de año de ‘evolución’, el ser humano aun utilice tan solo el diez por ciento de su inmensa capacidad cerebral pero, es entendible a la vez, ya que la única parte que se ha preocupado en desarrollar el hombre a través de su historia es su individualidad microscópica. ¿Cómo podemos, entonces, tener esperanza de un desarrollo mayor de nuestro ‘centro de mando’ si casi que la única palabra que pasa por allí es yo, yo, yo y yo? ¿Cómo podemos hacer evolucionar nuestra capacidad cerebral o cognitiva si nuestro pensamiento es monocorde? Y, lo peor de todo, es que hay muy pocas esperanzas de que el sentimiento individual cambie, dado que el hombre solo vive en sociedad por la imperiosa necesidad de poder imponer a sus congéneres sus ideas, sus gustos, sus necesidades y sus condiciones… Bueno, no puedo ser tan injusto con el género humano, también nos reunimos en sociedad para poder presumir logros, poder, veleidades, caprichos y todo aquello que nos permita ser ‘sanamente’ envidiados.

Y no crea que es esta una visión fatalista o apocalíptica sino que es, lamentablemente, una realidad que rompe los ojos donde usted quiera mirar. Pero cuidado, porque la especie humana se ha vuelto especialista en tapar con palabras lindas, edulcoradas y emotivas su verdadero yo y eso puede confundirlo en un principio, por lo que hay que observar más allá de la superficialidad y confrontar palabras con hechos, esos que muestran claramente lo que es cada persona. Porque, cuando se contraponen los hechos a las palabras, es allí cuando quedan desnudos, yermos y vacios la gran mayoría de los seres humanos…

Podremos decir hasta el hartazgo que queremos y buscamos el bien común de todos, pero si nuestras acciones van encaminadas a favorecerme solo a mí o a algunos pocos que me interesen a mí, entonces el discurso es bonito pero no será real y mucho menos efectivo, dejando ver nuestro carácter individual y personalista. Podremos gritar a los cuatro vientos que queremos igualdad de oportunidades para todos pero, si cuando tenemos la posibilidad de seleccionar para una actividad cualquiera, preferimos hacer esa actividad nosotros o le damos preferencia a nuestros afectos o intereses por encima de la capacidad intelectual, en realidad estamos acallando nuestra conciencia con retórica, pero nuestros hechos dicen en realidad lo que somos. Podremos decir que no somos racistas, pero si solo vemos por aquellos con los que yo me identifico, entonces tapamos con palabras lo que habita en el corazón. Podremos ir tras un fin común, pero si solo queremos que el logro nos pertenezca en exclusividad y recibir toda la gloria por ello, entonces allí mueren las palabras dejando al desnudo nuestra única intención. Podremos predicar mil años acerca de la caridad, pero si nos preocupamos que siempre se sepa lo que da nuestra mano buscando la admiración de los demás, entonces allí mismo estará nuestra intencionalidad y recompensa…

Como ven, miles de palabras bonitas podrán encubrir, enmascarar o justificar una intención, pero tan solo la acción o el hecho la corrobora irrefutablemente. Tal es así que en los juicios lo único en lo que se deben de basar los jurados para dar su veredicto final es en las pruebas o hechos, no en las palabras de los actores.

Lamentablemente, las pruebas nos dan como resultado el porqué el género humano usa tan solo una mínima parte de su capacidad cerebral. El temor es que, si en realidad el cuerpo va desechando todo aquello que no usaen el proceso evolutivo entonces, quizás, algún día el hombre pierda el resto de su potencial cognitivo latente y vuelva a ser un primate nuevamente con el único objetivo de subsistir… Aunque, siendo sincero y viendo como nos comportamos ¿en que nos diferenciamos ya hoy de esa instancia? No será que…

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