Home Editoriales Juez y verdugo implacable
0

Juez y verdugo implacable

0
0
Tab Machado

Estoy convencido de que el peor juez y verdugo al que se enfrenta el ser humano es su propio pasado porque este muestra, de forma implacable, virtudes y defectos, aciertos y desaciertos, felicidades y tristezas que se han vivido y que jamás, por más que lo intente una y mil veces, podrá cambiar el resultado de lo ocurrido. Quizás uno pueda revivir esos momentos, recrear las situaciones y hasta cambiar oníricamente las conclusiones de cada episodio del pasado pero, al final, la cruda realidad es que el hecho permanecerá inalterable en el tiempo, siendo un azote y un estigma que flagelará nuestro compungido espíritu, cada vez que aflore a nuestro consciente intelectual.

Lamentablemente es inevitable equivocarse y sufrir contratiempos, dado que eso es condición humana, pero debemos de aprovechar esos errores o traspiés como base para impulsarnos a nuevos logros más que usarlos como pesado lastre que nos empuje al fatalismo y a la frustración constante.

Cuenta una historia que había un principito que quería ser grande y una noche suspiró tristemente, diciendo: “¿Cuándo seré mayor para hacer lo que desee?”. Al despertarse a la mañana siguiente, descubrió sobre su cama una bobina de hilo de oro de la que salió una débil voz: “Trátame con cuidado, príncipe. Este hilo representa la sucesión de tus días. Conforme vayan pasando, el hilo se irá soltando. No ignoro que deseas crecer pronto… Pues bien, te concedo el don de desenrollar el hilo a tu antojo, pero todo aquello que hayas desenrollado no podrás ovillarlo de nuevo, pues los días pasados no vuelven”.

El niño, para cerciorarse de que era cierto, tiró con ímpetu del hilo y se encontró convertido en un apuesto príncipe. Tiró un poco más y se vio llevando la corona de su padre… ¡Era rey!

Así que, en el afán de ver más allá, dio un nuevo tironcito y preguntó: “Dime bobina ¿Cómo serán mi esposa y mis hijos?”

En el mismo instante, una bellísima joven y cuatro niños surgieron a su lado. Sin pararse a pensar, ya que la curiosidad se iba apoderando de él, siguió soltando mas hilo para saber cómo serían sus hijos de mayores…

De pronto se miró al espejo y vio la imagen de un anciano decrépito, de escasos cabellos nevados. Se asustó de sí mismo y del poco hilo que quedaba en la bobina… ¡Los instantes de su vida estaban contados!…

Desesperadamente, intento enrollar el hilo en el carrete, pero no tuvo éxito. Entonces la débil vocecilla que ya conocía, le dijo así: “Has desperdiciado tontamente tu existencia. Ahora ya sabes que los días perdidos no pueden recuperarse. Has sido un perezoso al pretender pasar por la vida sin molestarte en hacer el trabajo de todos los días. Sufre, pues tu castigo”. El rey, tras un grito de pánico, cayó muerto: había consumido la existencia sin hacer nada de provecho.

Para que no te pase lo mismo que al principito vive  y disfruta el presente, asume que los errores del pasado allí están y que no pueden quitarse sino que, más bien, puedes valerte de ellos para aprender y crecer. Esto no es irresponsabilidad, todo lo contrario: nada recogerás en el futuro que no hayas sembrado en el pasado y presente.  Si te propones aceptar con humildad el pasado como una fuente de enseñanza y vivir positivamente el presente, irá siendo pleno tu futuro.

Recuerda siempre que si no eres capaz de tomar tus errores como base de triunfos, el pasado te atormentará siempre como el más cruel de los jueces y verdugos, condenándote irremediablemente al fracaso. ¡Transforma tus fracasos del ayer en triunfos del mañana! De ti depende…

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *