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Julio Verne el escritor que pronosticó el futuro
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Julio Verne el escritor que pronosticó el futuro

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Julio Verne fue un escritor que, gracias a su sagacidad, ha dejado infinidad de serendepias literarias que asombran por su exactitud y precisión. Las serendipias literarias, que también ocurren en el terreno de la ciencia y la tecnología, consisten en una coincidencia, en un hallazgo, al que se ha llegado por intuición. El escritor arma una historia inventada, la dota de verosimilitud y, años después, para estupefacción de sus lectores, se acaba cumpliendo cabalmente lo que anticipó.

Verne pudo lograrlo en gran número porque, además de prolífico escritor, fue un estudioso de la actualidad científica de su época. Su inquietud intelectual le llevó a dedicar varias horas a adquirir cultura científica y a seguir de cerca las expediciones marinas y terrestres, así como los descubrimientos y los numerosos avances de la ciencia.

Su imaginación y su capacidad analítica, le llevaron a incluir en sus novelas vaticinios que aún siguen cumpliéndose en la actualidad en materia tanto tecnológica y científica como en geografía, política, economía, sociología y ecología.

La colección “Viajes extraordinarios” nació en 1862 cuando, tras escribir ‘Cinco semanas en globo’, Verne encontró a un editor dispuesto a publicarle: Jules Hetzel. Ambos firmaron un contrato para escribir y publicar tres novelas anuales como parte de un programa educativo dirigido a la juventud. En el prefacio a las obras, Hetzel escribió que aquello era un intento de “resumir todos los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos, logrados por la ciencia moderna”. Verne subtituló a su serie de novelas: “Viaje a través de los mundos conocidos y desconocidos”.
Julio Verne ha sido un ejemplo para muchos científicos: el almirante Byrd afirmó que si no hubiera sido por Verne no habría ido nunca al Polo Sur. El químico Dimitri Mendeleiev calificaba a Verne de “genio científico” y leía constantemente sus obras. Y Yuri Gagarin, el pionero astronauta, dijo en una ocasión: “Ha sido Verne quien me ha hecho decidirme por la astronáutica”.

Acá les repasamos algunas de las predicciones que realizó Julio Verne en el siglo XIX y cómo se volvieron realidad en los años siguientes.

El submarino eléctrico. Una de las novelas más famosas de Julio Verne es ‘Veinte mil Leguas de Viaje Submarino’, donde el Capitán Nemo viaja por los océanos del mundo en un enorme submarino eléctrico llamado Nautilus. Esta nave de ficción no es tan diferente a los submarinos actuales, excepto por las habitaciones de lujo que contenía adentro. Aunque la novela fue publicada en 1870, el primer submarino completamente eléctrico apareció en 1884, el Peral.

Armas eléctricas. Tanto reinaba la electricidad en la nave del Capitán Nemo, que hasta las armas usaban electroshock. Los primeros dispositivos de este tipo comenzaron a ser desarrollados recién en 1969. En ‘Veinte mil Leguas de Viaje Submarino’, se describe a las balas de esta arma como “contenedores eléctricos” o como les llamó, “botellas de Leyden”, en las que “la electricidad es forzada a una muy alta tensión”.

Los noticieros de radio y tv. En un artículo publicado en 1889, Verne describió el futuro de los diarios “en el año 2889”. Según Verne, “en lugar de estar impreso, el periódico es hablado cada mañana a sus suscriptores, que conocen las noticias del día a través de conversaciones con reporteros, estadistas y científicos”. La primera transmisión de noticias por radio no ocurrió hasta 1920 y la primera en televisión en 1948.

Videoconferencias. En la misma columna, Verne también describe el “fonotelefoto”, algo que hoy en día sería la tecnología de videoconferencias. El sistema descripto por el escritor permite “la transmisión de imágenes por espejos sensibles conectados con cables”. El fonotelefoto es una de las primeras referencias directas, en ficción, a lo que son las video llamadas actuales.

El viaje a la luna. En la obra ‘De la Tierra a la Luna’ de 1865, predijo de manera extraordinaria lo que sucedería en la misión del ‘Apolo XI’ que la NASA lanzó un siglo más tarde. Viajaban tres astronautas (igual que en la realidad), en un proyectil llamado ‘Columbiad’ (el módulo de la ‘Apolo’ se llamaba ‘Columbia’), que despegó desde Tampa, Florida, apenas a un centenar de kilómetros de Cabo Kennedy, en el mismo estado. La forma y dimensiones de la nave ficticia y la real son casi idénticas, igual que la velocidad y el tiempo que tardan en alcanzar la Luna, donde aterrizan en ambos casos en la región conocida como Mar de la Tranquilidad, mientras que el exitoso regreso de sendas tripulaciones se produce con un amerizaje en la misma zona del Océano Pacífico.

Publicidad en el aire. En la columna de periódico “En el año 2889”, Verne describe “publicidad atmosférica”, lo que se podría entender hoy como los mensajes que se escriben en el cielo usando aviones. “Todo el mundo ha notado esos enormes avisos reflejados en las nubes, tan grandes que se podrían ver desde la población de ciudades completas o incluso países”, decía Verne.

El helicóptero. En la novela Robur el Conquistador (1886), Verne describe una embarcación llamada Albatross, con muchos mástiles, sobre los cuales hay hélices, que giran gracias a una maquinaria interna.

Internet. En 1863, escribió la novela ‘París en el siglo XX’, acerca de un joven que vive en un mundo donde hay rascacielos de vidrio, trenes de alta velocidad, autos a gas, calculadoras y una red mundial de comunicaciones. Verne habla de algo parecido a un telégrafo mundial, que en la actualidad podría parecerse a Internet. La novela tenía un tono pesimista, de modo que Pierre Jules-Hetzel, el editor de sus escritos, rechazó publicarlo. El manuscrito quedó guardado hasta que fue encontrado por su bisnieto en 1989 y publicado finalmente en 1994.

 

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