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La Anciana de la madrugada

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Un estimado lector nos hace llegar la siguiente historia que compartimos con todos ustedes y que sucedió en Melrose Park. El protagonista, al que llamaremos Luis, (nombre figurado) trabajaba en el tercer turno de una fábrica y llegaba a su casa pasadas las 4 de la mañana, estacionando su carro en la parte trasera y entrando luego a su hogar por una puerta lateral.

Una de esas noches en que el frio congela hasta el alma Luis regresó de su jornada laboral y estacionó el carro en el mismo lugar de siempre. Miró hacia la puerta de su casa ansioso por irse a descansar y grande fue su sorpresa cuando vio salir a una anciana que se tapaba con un reboso para evitar el crudo clima de afuera. Vacilante la anciana caminó hacia el frente y desapareció de la vista de Luis. Nuestro amigo entró preocupado y rápido a su casa pensando que, quizás,  había alguna emergencia en su familia, pero allí el silencio era total. Presuroso fue a los dormitorios de sus hijos y comprobó que todo estaba en orden… fue a su cuarto y también todo estaba tranquilo. Luis quedó intrigado con lo que había pasado y se preguntó si no habría sido una ilusión óptica la visión que había tenido.

Dos semanas después de la aparición y cuando nuestro amigo ya se estaba olvidando del incidente… volvió a suceder… Luis estaba estacionando como siempre su carro cuando vio salir nuevamente a la anciana por la puerta lateral tapada de un rebozo y con su caminar vacilante… Nuestro amigo bajó rápidamente del carro y corrió para alcanzarla pero cuando llegó al frente la señora no estaba, era como si se la hubiese tragado la tierra.

Volvió a entrar a su hogar, recorrió todo nuevamente pero la tranquilidad allí era total. La intriga fue creciendo máxime cuando, al día siguiente, la anciana volvió a hacer su aparición nocturna en las mismas condiciones que las veces anteriores. Luis no había querido preguntar a su familia sobre la anciana, no quería preocuparlos así que le pidió a Juan, su vecino y amigo, que a la próxima noche cuando el llegara del trabajo Juan se instalara en el frente de su casa para ver a donde se dirigía la anciana…

Al otro día Luis miró ansioso el reloj de la fábrica varias veces pues quería salir para ver si podía desentrañar el misterio. Cuando por fin llegó la hora, salió presuroso y se dirigió a su casa como de costumbre. La noche estaba tranquila y serena, pero las 20 cuadras que tenía de recorrido le parecieron eternas. Por fin divisó su casa, detuvo el carro y llamó a su amigo.
“¿Todo listo Juan?”, le pregunto Luis a su amigo. “Listo estoy frente a tu casa, puedes ir a estacionar”, dijo Juan…

Luis se metió en el callejón y, como de costumbre, comenzó a estacionar su carro en el fondo de la casa, Fue en ese momento que la anciana, tapada con su rebozo, salió nuevamente por la puerta lateral rumbo al frente. Nuestro amigo literalmente saltó de su carro y corrió detrás de ella pero cuando llegó al frente solo vio el carro de su amigo.

Luis se acercó corriendo hasta donde estaba Juan y le preguntó agitado: “¿la vistes, la vistes?”… Juan, aun con el asombro pintado en el rostro, le dijo “si, era una anciana tapada con un rebozo, apareció por el costado de la casa pero despareció en el aire antes de llegar a la calle… ¡Esto es asombroso!”

Al siguiente día Luis fue a la fábrica por la mañana y pidió cambio de turno para estar en su casa por la noche y cuidar de su familia. La aparición, desde ese día, no se volvió a ver salir por la puerta lateral, aunque Mario en su casa ve, cada tanto en las tardecitas, la silueta delgada y frágil de una anciana que cruza silenciosamente la sala…

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