Home Editoriales La corona de la vanidad
0

La corona de la vanidad

0
0
Tab Machado

Confieso que a veces me abstraigo tanto del mundo que muchas veces me olvido que habito, comparto y pertenezco a la sociedad humana… suerte que bastan un par de reuniones , celebraciones o fiestas para devolverme nuevamente al vacío cosmos que hemos ido generando con mucho empeño y obstinación…

Es que basta, en estos casos, alejarse tan solo un momento de la alegría de compartir y observar objetivamente el comportamiento humano para ver que la soberbia sigue siendo el peor de nuestros pecados. Ni que hablar cuando esas reuniones se arman con el único

objetivo de que los organizadores se premien a ellos mismos… eso realmente sí que es el colmo de la arrogancia y la vanidad  (¿O es tan solo la confirmación de un complejo de inferioridad exacerbado?)

Como sea, la soberbia es exaltada al máximo en la sociedad actual sin darnos cuenta que es el original y más serio de los pecados capitales. Genéricamente se define a la soberbia como la sobrevaloración de nosotros mismos respecto de otros. También se puede definirla como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás.

De una u otra forma siempre me quedo con la pregunta de líneas más arriba: ¿Es la soberbia la sobrevaloración de nosotros mismos o es la exaltación de un grave complejo de inferioridad, en la que queremos demostrarles a los demás que somos importantes?

Una leyenda Tibetana cuenta sobre la soberbia que hace muchísimo tiempo tenían los árboles porque no se les caían las hojas y sucedió que un anciano iba vagando por el mundo con el propósito de conocerlo todo. Al final estaba muy cansado de subir y bajar montañas, atravesar ríos y praderas, de manera que decidió tomar un descanso bajo un majestuoso árbol.  Sentado debajo de su exquisita sombra no pudo menos que exclamar: “¡Los dioses deben protegerte, pues nada ha podido abatir tu grandioso tronco ni arrancar una sola de tus hojas!”

“Ni mucho menos”, contestó el árbol con soberbia, “el maligno viento no es amigo ni perdona a nadie lo que ocurre es que yo soy más fuerte y hermoso. El viento se detiene asustado ante mí, no sea que me enfade con él y lo castigue, sabe bien que nada puede contra mí”.

El anciano se levantó y se marchó, indignado de que algo tan bello pudiese ser tan necio como lo era ese árbol.  Al rato el cielo se oscureció y la tierra parecía temblar
Apareció el viento en persona: “¿Qué tal arbolito?”, rugió, “¿así que no soy lo bastante potente para ti y te tengo miedo? ¡Ja, ja, ja!”  Al sonido de su risa todos los arboles se inclinaron atemorizados.  “Has de saber que si hasta ahora te he dejado en paz ha sido porque das sombra y cobijo al caminante, ¿No lo sabías?” “No, no lo sabía”, respondió el árbol.

“Pues mañana tendrás tu castigo, para que todos vean lo que les ocurre a los soberbios, ingratos y necios”, bramó el viento.  “Perdón, ten piedad, no lo haré más”, dijo el árbol, pero el viento imperturbable volvió a  reír diciendo: “¡de eso estoy seguro!”

A la noche el árbol meditaba sobre la terrible venganza del viento, hasta que se le ocurrió una idea que quizás le permitiese sobrevivir a su cólera: se despojó de todas sus hojas y flores. De manera que a la salida del sol, en vez de un árbol magnífico el viento encontró un miserable tronco desnudo.

Al verlo se echó a reír y le dijo al árbol: “En verdad que ahora ofreces un espectáculo triste y grotesco. Yo no hubiese sido tan cruel, este es el mayor castigo para la soberbia y, de ahora en adelante, todos los años tú y tus descendientes recuperarán esta apariencia, para que nunca olviden que no se debe ser soberbio y orgulloso. Por eso los arboles pierden sus hojas en otoño, para que nunca olviden que nada es más fuerte que el viento, ni siquiera la soberbia…

Esta historia nos recuerda que los hombres realmente valiosos llegan a la fama por sus obras, mientras que los necios quieren hacerse famosos por su propia propaganda…

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *