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La crueldad de lo que muestra el espejo…
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La crueldad de lo que muestra el espejo…

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Tab Machado
Tab Machado

No hay nada que divida más a la sociedad en general y a las personas en particular que el dinero. Reinos, feudos, comunidades, familias, amistades, sociedades y hasta parejas se fracturan y se tronchan a cada instante por la codicia, por la avaricia o por la necesidad de mantener bien brillantes los ojos con el refulgir del oro. Cuando de ambición hablamos no se mira el contexto, no se tiene en cuenta el bien común, poco interesa la moralidad y los valores humanos… tan solo importa el acaparamiento y nada más.

El dinero subyuga, sujeta y esclaviza a quien lo desea con devoción y la persona que sufre de ese mal es capaz de cualquier cosa con tal de poseerlo o de retenerlo. No le importa quien esté a su frente, si hay alguien que se interpone entre él y su fin, lo va a derribar cueste lo que cueste y sin importar las consecuencias…

Cuenta una historia que, en cierta ocasión, un joven pobre pero emprendedor fue a visitar a un sabio con quién inició una larga conversación. El joven le contó de sus sueños, sus deseos de superación y cómo pensaba volverse rico en unos pocos años. Lo tenía todo bien planeado: las metas que debía alcanzar, los caminos que debía seguir, el esfuerzo continuo que debía realizar.

Es más, desde hacía ya un tiempo el joven se había puesto a trabajar con ahínco y ya tenía andado una parte del camino que se había trazado. El sabio observaba que en el joven confluían un enérgico entusiasmo, una consistente perseverancia y una claridad de ideas que sin lugar a dudas lo llevaría al éxito en su cometido.

Luego de tanto hablar, el joven le dijo al viejo: “Se que cuando sea rico, cuando tenga dinero, joyas, oro y plata, mi vida va a cambiar. ¿Tendrá algún consejo para cuando llegue ese momento?”

Con calma y dulzura el sabio se levantó de su asiento, tomó al joven de la mano y lo acercó a la ventana. “Mira”, le dijo, “¿Qué ves?”

“Veo gente”, respondió el joven. Entonces el sabio giró y lo llevó ante un espejo que se encontraba en una esquina de la sala, se apartó ligeramente y le preguntó: “¿Y ahora qué ves?”

“Ahora me veo yo, me veo a mí mismo” dijo el joven con tono muy seguro. “¿Entiendes?” preguntó entonces el sabio y prosiguió diciendo: “en la ventana hay vidrio y en el espejo hay vidrio. Pero el vidrio del espejo tiene un poco de plata y, cuando hay un poco de plata, uno deja de ver a la gente y comienza a verse solo a sí mismo”…

Pobre de aquel que se deja subyugar por el poder y se ha convencido de que con dinero se puede comprar todo: bienes muebles e inmuebles y también los bienes intangibles como el amor, la fidelidad, los valores morales, la educación social, la fe, la eternidad y hasta, mire Usted, el talento propio y ajeno.

Quizás los bienes muebles e inmuebles puedan ser adquiridos y mantenidos indefinidamente de esa forma pero los intangibles, aunque se pudiesen comprar con dinero, su pertenencia y conservación para el adquiriente será efímera, momentánea y fugaz, porque el verdadero mundo espiritual y el de los valores humanos no cotizan ni se mantienen con el refulgente brillo del oro…

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