Home Editoriales La desconfianza nace de la inseguridad y es una señal de debilidad
La desconfianza nace de la inseguridad y es una señal de debilidad
0

La desconfianza nace de la inseguridad y es una señal de debilidad

0
0
Tab Machado
Tab Machado

En algún momento de nuestras vidas todos, en mayor o menor medida, nos hemos sentido inseguros de nuestro entorno y de la reciprocidad de nuestros congéneres, pero esa es una sensación que hay que eliminar rápidamente de nuestro espíritu porque se corre el serio riesgo de que, si ese sentimiento se prolonga en el tiempo, se convierta en desconfianza paranoica y termine afectando seriamente nuestra sentido de justicia.

La desconfianza paranoica es una distorsión cognitiva, una visión consistente pero sin fundamento de que los demás confabulan constantemente contra nosotros y nos quieren hacer daño de alguna manera, llegando incluso a interpretar situaciones cotidianas y ecuánimes como amenazantes.

También es cierto que, como dice el refranero popular, el ladrón juzga a los demás por su misma condición y, en este caso, cuando una persona confabula contra los demás termina pensando que los demás indefectiblemente actúan de la misma manera que él.

Cuenta una historia al respecto que dos hombres que necesitaban ir de una ciudad a otra, decidieron cruzar a pie el desierto que las separaba para acortar camino y no tener que dar una enorme vuelta que les llevaría unas dos semanas a pie. Así que, con varias cantimploras llenas de agua, emprendieron su andar bajo el sol inclemente.

A los dos días de caminar en el desierto los hombres se dieron cuenta que tenían agua suficiente, pero ninguno había traído comida. Preocupados y cabizbajos, siguieron caminando hasta que uno de los dos divisó una vieja y dañada carreta llena de latas de conserva de alimentos en su interior.

Estaban eufóricos por su hallazgo pero, tras muchos intentos por abrirlas, empezaron a desesperarse ya que no hallaban la manera de romper las latas. Cansados y desanimados, decidieron que uno de los dos regresaría al pueblo a buscar un abrelatas y más agua, mientras que el otro se quedaría cuidando el preciado tesoro que acababan de encontrar.

Uno de ellos dice que él volverá y se despide rápidamente del otro, calculando que en 3 días estará de vuelta. El que se quedó empieza a contar primero las horas y luego los días: 1, 2, 3… y nada, así que al quinto día preocupado y casi moribundo decide intentar nuevamente abrir una de las latas para no morir de hambre. Con las pocas fuerzas que le quedaban levantó una pesada piedra y, cuando estaba a punto de lanzarla sobre una de las latas, surgió detrás de una gran roca el primer hombre gritando: “¡Detente, traidor, detente!”

“¡Llegaste, por fin llegaste! ¿Qué te pasó?”, preguntó angustiado el que se había quedado en la carreta.  Y el primero le replicó: “Nunca me fui. Yo sabía que no podía confiar en ti. He estado todo este tiempo vigilándote detrás de esa roca y ahora te he descubierto infraganti, ¡te querías comer una de las latas!”.  A lo que su amigo desfalleciente le dijo: “¿por eso no fuiste al pueblo? ¿No buscaste el abrelatas? ¡Claro, tampoco trajiste agua! Ahora, por tu desconfianza, los dos estamos condenados a morir en este desierto”.

No permitas que tu inseguridad momentánea se convierta en desconfianza patológica y termines dañando a los que te rodean y también a ti mismo. Vivir con recelo, temor y suspicacia constante pone al ser humano en un estado de alerta innecesario donde todo o casi todo es vivido como una amenaza. Mejor cree en ti mismo, en tus cualidades y valores, porque la confianza personal es la base del éxito y el primer escalón para alcanzar una vida más plena, simplificando las relaciones sociales y mejorando tu entorno. Recuerda siempre que, de ti y solo de ti, depende vivir una vida mejor.

 

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *