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La esperanza de un sueño

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Tab Machado

Es en las cosas simples donde se oculta la verdad de la vida y es allí donde debemos hurgar para encontrar las respuestas a los grandes problemas de una sociedad humana que se resquebraja y despedaza en forma tan acelerada como preocupante. De nada valen las más profundas y acendradas teorías filosóficas, psicológicas y/o sociológicas de cómo arreglar al mundo, si estas no se pueden poner en práctica o carecen de la probada eficacia que se oculta detrás de acciones sencillas que vemos a diario pero que, por simples, las desechamos desdeñosamente. ¿Cómo solucionar este problema? Sencillamente observando aquello que aun no está contaminado por esa obsesión fatal que tiene el homo sapiens de acaparar, abarcar, centralizar y monopolizar individualmente todo aquellos que está a su alrededor.

Justamente al respecto, hace unos días, mirando desde la ventana del departamento de un familiar pude ver que los mayores tenemos mucho mas prejuicios que los niños ya que, en el predio delimitado por el condominio para los más chicos, había más de veinte niños jugando armoniosamente sin reparar en la condición social del otro.

El mayor objetivo del grupo era el juego y todos colaboraban gustosos para que el mismo se desarrollara de la mejor manera. Lo más importante, quizás, es que en el grupo se podían apreciar niños de diferentes razas y a ninguno parecía importarle el color de la piel del otro, ni su cultura, ni su procedencia. Allí lo que importaba era capitalizar el tiempo libre de la mejor manera, todos juntos y tras un mismo objetivo…ser felices.

Y no vayan a creer que todos jugaban en el mismo lugar pero disgregados o que ocupaban el mismo espacio y que cada uno hacia sus cosas sin preocuparse por el otro… lo notable del caso es que todos jugaban juntos y hasta se prestaban sus juguetes…

Si eso es posible, si a tan temprana edad se pueden obviar las diferencias entre los seres humanos… ¿Porque a medida que el hombre crece se olvida de este precepto y encamina sus pasos hacia la individualidad, la egolatría y el egoísmo?

Mientras la soberbia, la vanidad y el materialismo sean los motores que mueven la vida del mundo de los adultos jamás seremos libres y la esperanza de tener un mundo más justo, equitativo y ecuánime simplemente será un sueño que seguiremos acunando, con la vana esperanza de encontrar cura a los males más endémicos de la humanidad…

 

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