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La fe mueve montañas y de ella surge vida

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La fe mueve montañas y de ella surge vida
La fe mueve montañas y de ella surge vida

Los 33 mineros chilenos sepultados bajo 622 metros de tierra desde hace 70 días y cinco rescatistas, fueron traídos nuevamente a la vida…

El rescate sin contratiempos de los mineros chilenos esta semana, seguido por millones de personas en todo el planeta, dio a Chile la

oportunidad de volver a creer en milagros, siete meses después de uno de los cinco peores terremotos de su historia, que dejó más de 500 muertos y 56 desaparecidos. “Misión cumplida”, escribieron los rescatistas bajo tierra cuando todos los trabajadores estuvieron a salvo y la euforia se desató en la mina y en Copiapó al concluir el histórico operativo.

“Ustedes no son los mismos, ni el país es el mismo”, dijo el presidente Piñera a Luis Urzúa, el último de los 33 mineros rescatados en un operativo sin precedentes en el mundo, que desató la euforia en todo Chile.

Entre efusivos reencuentros familiares y festejos en el mundo entero, culminó exitosamente el histórico rescate de los mineros, con la salida del jefe de turno y líder de los 33 trabajadores, Luis Urzúa. Faltando 5 minutos para las once de la noche del miércoles 13 de octubre y luego de recorrer el ducto de 622 metros y 66 cm de diámetro, Urzúa llegó a la superficie y fue recibido por su hijo, que no logró contener la emoción.

“Le entrego el turno como habíamos acordado el día en que tuvimos la primera conversación. Espero que esto nunca más vuelva a ocurrir. Gracias a todos”, dijo Urzúa al presidente Piñera que lo esperaba sonriente a la salida del ducto. “Recibo su turno y lo felicito porque cumplió con su deber, saliendo el último como un capitán. Nos sentimos orgullosos de todos y cada uno de los mineros”, le respondió el mandatario chileno.

El jefe de turno recordó los primeros días de encierro y la falta de comida: “Al último estábamos comiendo cada 48 horas, para dejar algo para más adelante”. De todas formas, sostuvo, nunca perdieron la fe, aunque sus intentos por salir fracasaron y el contacto con el exterior demoró 17 días.

Piñera le explicó la preocupación que se vivió en Chile porque “perforábamos pero no sabíamos dónde estaban, si estaban vivos o muertos”.

La fe mueve montañas y de ella surge vida
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Los festejos en el campamento Esperanza comenzaron inmediatamente tras ver salir a la luz a los “héroes del bicentenario”, como todos los llaman en Chile, pese al agotamiento generalizado de sus habitantes, luego de haber pasado dos noches en vela esperando el desenlace del operativo.

Las autoridades, los rescatistas e ingenieros se fundían en abrazos interminables, mientras se escuchaban gritos permanentes de “Viva Chile” y llantos emocionados. Los familiares organizaron una marcha, pues parecían no tener espacio en sus carpas para tanta alegría y querían agradecer en el lugar donde oraron estos dos meses: la zona más alta del Campamento Esperanza.

Tras el rescate de los 33 mineros, quedaron adentro de la mina San José los seis socorristas que descendieron para ayudar a los trabajadores en el proceso de ascenso y que fueron también evacuados rápidamente. Manuel González, el primero en descender en la madrugada del miércoles, fue  el último en dejar el lugar del derrumbe.

“Misión cumplida Chile”, escribieron los socorristas en un cartel que desplegaron en el fondo del yacimiento para expresar su alegría al saber que el último de los 33 mineros estaba ya a salvo.

22,5 horas duró el rescate de los 33 mineros, desde que descendió la cápsula Fénix 2, hasta que subió Luis Urzúa, el último minero y su viaje a la superficie duró 9’,25”.  El viaje del primero, Florencio Ávalos, tomó 20 minutos. Nunca antes hubo mineros que sobrevivieran tanto tiempo a tanta profundidad bajo la tierra.

Conmovedor relato

Con 31 años trabajando en minería, Luis Urzúa jefe del grupo, supo al ver la dimensión del derrumbe y que la salida no sería fácil, según contó al presidente. “Yo vi la roca del derrumbe, muchos pensaban que iba a ser dos días el rescate…pero yo cuando vi, supe que no”, dijo Urzúa, asegurando que tardó por lo menos tres horas en bajar el polvo provocado por el derrumbe.

“Hicimos varios intentos… de salir por arriba”, añadió. “No sabíamos qué pasaba”. En medio de la desesperación “mucha gente trató de hacer cosas que no eran las mejores”, dijo Urzúa. Y luego escucharon las sondas y las máquinas operando hasta que finalmente una sonda llegó al fondo, el 22 de septiembre, después de angustiosos 17 días sin saber de ellos y se confirmó que estaban vivos.

Todos los mineros en el socavón “querían abrazar el martillo” de la máquina y colocar en él papeles para dar señales de su sobrevivencia. “Había varios papeles…’tengo hambre’”, decía uno de esos papeles que los mineros pegaron al martillo para que cuando saliera a la superficie se supiera de ellos. Pero el que finalmente salió fue uno que conmovió: “Estamos todos bien en el refugio los 33”.

“Damos gracias a Dios que pudimos resistir…teníamos poquita comida” al principio y para sobrevivir esos primeros 17 días, “al último estábamos comiendo casi cada 48 horas”, dijo Urzúa.

Pero tras comprobarse que habían sobrevivido el derrumbe, las sondas enviadas abajo se convirtieron más tarde en tubos por los cuales los rescatistas enviaban desde aire, agua, cables de fibra óptica y comunicaciones, hasta comida, zapatos y cartas de parientes.

El rostro de Urzúa fue el primero que el mundo vio en una oscura y borrosa imagen cuando se confirmó que los hombres estaban todos vivos.  Al jefe del rescate, André Sougarret, Urzúa le agradeció la labor afirmando que a lo largo de dos meses tuvieron una comunicación “fluida, siempre hablando con la verdad…la gente como usted vale mucha plata”.

Piñera afirmó que eventualmente se dará a conocer el costo total de la operación y que lo calcula entre 10 y 20 millones de dólares. Un tercio de ese dinero fueron en donaciones, y otra parte aportes del gigante estatal Corporación Nacional del Cobre de Chile (Codelco) y del Estado, pero no dio detalles.

Tras la salida de todos los mineros, el equipo izó a los seis rescatistas que bajaron en turnos para ayudar en la evacuación de los mineros. Con la salida del último de esos especialistas, Manuel González, acabó el operativo.

González, quien además fue el primero en bajar para ayudar a los mineros, alzó sus brazos e hizo una pequeña reverencia ante la cámara instalada en el socavón por los propios obreros, antes de introducirse en la jaula para ser izado finalmente a la superficie.

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