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La Fe, sustento de la vida
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La Fe, sustento de la vida

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Hay quienes suelen decir que no tienen fe, pensando que con eso se alejan de las religiones, pero le fe en realidad es un punto de sustento básico en la vida del hombre.

Hay quienes suelen decir que no tienen fe, pensando que con eso se alejan de las religiones, pero le fe en realidad es el punto de sustento básico en la vida del hombre porque se necesita de ella aun para creer en sí mismo y en sus propias cualidades humanas. No en vano a diario solemos escuchar decir: “me tengo mucha fe para superar ese obstáculo” y allí la persona no está expresando ningún fervor religioso pero, sin embargo, está creyendo y depositando confianza en sus propias fuerzas.

La fe es, generalmente, la confianza o creencia en algo o alguien y puede definirse como la aceptación de un enunciado declarado por alguien con determinada autoridad, conocimiento o experiencia o como la suposición de que algo reflexionado por uno mismo es correcto aunque falten pruebas para llegar a una certeza sobre ese algo.

Las causas por las cuales las personas se convencen de la veracidad de algo que aceptan por fe, dependerán de los enunciados filosóficos en los que las personas confían y de otros aspectos de tipo emotivo o cultural. La palabra ‘fe’ puede también referirse directamente a una religión o a la religión en general.

La fe y la razón

La fe y la razón son, en realidad, dos formas de convicción que subsisten con más o menos grado de conflicto o de compatibilidad. La fe generalmente es definida como cualquier creencia que no esté basada en la evidencia o la razón o como la creencia que no puede ser entendida. Mientras que razón es la creencia fundada en la lógica o la evidencia.

Hablando en términos generales, hay tres categorías de perspectivas respecto a la relación entre fe y razón. El racionalismo sostiene que la verdad debería ser determinada por la razón y el análisis de los hechos, más que en la fe, el dogma o la enseñanza religiosa. El fideísmo considera que la fe es necesaria y que las creencias deben tener cabida sin la evidencia o la razón, aún si está en conflicto con ellas y la teología natural considera que fe y razón son compatibles, de manera que la evidencia y la razón finalmente llevan a la creencia en los objetos de fe.

Las creencias sostenidas por fe pueden ser sujetas a un número de relaciones con la razón:

  • La fe vista como subordinando a la razón. En esta perspectiva, todo el conocimiento humano y la razón son vistos como dependientes de la fe: fe en nuestros sentidos, fe en nuestros recuerdos y fe en los recuentos de sucesos que recibimos de otros. En consecuencia, la fe es vista como esencial e inseparable de la razón. Esta justificación se aplica en gran parte a la filosofía histórica del racionalismo y menos a las perspectivas racionalistas contemporáneas.
  • La fe vista como dirigiendo asuntos más allá del ámbito de la razón: En esta perspectiva, la fe es vista como cubriendo asuntos en los que la ciencia y la racionalidad son inherentemente incapaces de tratar, pero que, sin embargo, son enteramente reales. En consecuencia, la fe es vista como complementando de la razón, al proveer respuestas a preguntas que de otro modo serían incontestables.
  • La fe vista como contradiciendo a la razón: en esta perspectiva, la fe es vista como esas opiniones que uno mantiene a pesar de que la evidencia y la razón digan lo contrario. Así pues, la fe es vista como perniciosa con respecto a la razón, como si impidiera la habilidad de pensar.

La Fe según la Biblia

La Fe es un concepto que se deriva de la palabra hebrea emuná que significa tres cosas: firmeza, seguridad y fidelidad, por lo que una fe que no incluya seguridad o fidelidad, es lo mismo que separar el espíritu del cuerpo, es decir: es una fe muerta (Stg. 2:26). Ésta es la definición de la fe dada en la carta a los hebreos: “la Fe es la certeza de lo que se espera y la evidencia de lo que no se ve” (Heb 11:1).

La palabra griega: élenchos se suele traducir tradicionalmente por ‘convicción’ pero, como hemos visto, la fe no es sólo convicción; sino obrar consecuentemente con lo que uno cree. Élenchos también significa: “evidencia” o “prueba de algo”. Así está el ejemplo de Abraham que creyó a Dios y le fue contado por justicia, pero únicamente validó esa convicción cuando llevó a su hijo al altar, como Dios le había mandado (Heb 11:17; Stg 2:21-22).

¿Por qué cree el hombre?

Aunque hayan cambiado las circunstancias sociales y los valores, la fe no desaparece. La “desmitificación del mundo“, vaticinada a principios del siglo pasado por uno de los padres de la sociología, Max Weber, no se ha producido. El hombre del siglo XXI se rebela contra la “petrificación mecanizada” de un mundo aprisionado de forma racional. Hoy, en pleno auge de la sociedad del saber, la religiosidad y la fe ocupan un lugar importante en la agenda de la cultura y la ciencia. Cuanto más creemos saber, menos creemos en el saber. Así surge la antigua búsqueda de respuestas a las preguntas existenciales: ¿quién soy?, ¿cuál es el sentido de la vida? Para el hombre es insoportable la idea de que es producto del azar, intercambiable y prescindible. El ser humano sabe que existe, pero que no existe necesariamente.

Nacimiento, vida, sufrimiento, muerte. ¿Y después?

El círculo de la vida da al hombre un motivo más para expresar fe. Quien pregunta necesita una explicación para soportar el hecho de no ser necesario. ¿Será que sólo la fe hace que uno soporte que es producto de la casualidad? No se puede vivir sin un horizonte subjetivo que dé sentido.

El ser humano busca una última razón de la que no dudar. Quiere entender lo que le ocurre, comprender para explicar, explicar para predecir y predecir para controlar lo predicho.

Nunca tantas personas se han preguntado por el sentido de la vida de forma tan radical como hoy. ¿Por qué existe el mal? ¿Por qué la existencia tiene un lado oscuro: catástrofes naturales, guerras, terrorismo, miedo?

A las Iglesias establecidas y sus congregaciones les resulta difícil dar respuestas satisfactorias. La fragmentación del mundo le ha arrebatado al sujeto informado casi cualquier ilusión de que pueda existir algo que mantenga unido al mundo en lo más profundo. Hoy en día no vale nada porque todo vale. El relativismo es el precio del pluralismo. Por eso, el individuo anhela lo incontable, el factor que no se pueda medir. Anhela la fe como experiencia subjetiva y en un sentido de la vida que vaya más allá…

El hombre de hoy, educado según los principios de la causalidad y la racionalidad, anhela experiencias directas con un ser superior para no sentirse superfluo y producto del azar.

Si el hombre cree entonces para eliminar el azar y alcanzar un estado de conciencia superior, trascenderse a sí mismo y fundirse con el todo, la fe es la expresión de una voluntad existencial, imprescindible para estar seguro de sí mismo.

Como ven, creencia, razón y fe son tres palabras que dirigen la vida y la sociedad moderna y encierran el origen mismo de la humanidad. Y tú… ¿en qué tienes fe?

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