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La fórmula del éxito
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La fórmula del éxito

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¿Existe la fórmula perfecta para el éxito? ¿Triunfar es cuestión de suerte, de inteligencia o de trabajo sostenido? Descubre los pasos que son necesarios para llegar al éxito.

Solemos mirar y admirar el éxito de los demás sin darnos cuenta que, si nos enfocamos en nosotros mismos y trabajamos por nuestras metas, el éxito también nos puede acompañar. La diferencia entre el éxito y el fracaso es que algunos individuos están dispuestos a dar lo mejor de sí por alcanzar sus objetivos, mientras otros son cómodos y se conforman con desenvolverse en niveles más secundarios.

Si eres una persona que desea conseguir el éxito debes de comenzar a mirar si el esfuerzo que haces es realmente el que se necesita para alcanzar tus sueños. Tenemos que tener muy en cuenta que, para ser exitosos, necesitamos estar dispuestos a pagar el precio que dicho éxito exige. Con frecuencia nos da la impresión, de que a las personas que tienen mucho éxito, las cosas simplemente se les dan. Que tienen muy buena suerte y todo les sale bien. Pero esto casi nunca es así. Lo que sucede es que sólo vemos una parte. No vemos su trabajo, sus problemas, ni sus fracasos.

Si quieres ser un triunfador debes entender antes que nada que significa el éxito para ti y que tanto estas dispuesto a trabajar para conseguirlo. Porque, como dice el dicho: “de buenas intenciones está repleto el mundo” pero con eso solo no basta. Una cosa es plantearse objetivos y otra cosa muy diferente es alcanzarlos. Tanto es así que una buena parte de los objetivos que nos proponemos se quedan en el ámbito de los sueños que nunca llegan a concretarse. Sin embargo, existen algunas técnicas muy sencillas que nos permiten alcanzar los objetivos personales, tan solo echando mano al sentido común y la organización.

Camille Sweeney y Josh Gosfield entrevistaron a muchos famosos para su libro ‘El arte de hacer’ sobre personas que han triunfado en la vida y extrajeron un decálogo de los puntos que tenían en común. Estos son:

  • Dedicación. Capacidad de creer en un proyecto y asumirlo con todas las consecuencias.
  • Persistir con inteligencia. Seguir a pesar de las adversidades y los rechazos, pero con cintura como para cambiar de estrategia si es necesario.
  • Crear comunidad. Lograr que un grupo de gente crea en tu proyecto y trabaje para ello.
  • Escuchar.
  • Tener una historia que contar. Emocionar a través de la comunicación es clave para lograr clientes, audiencia o colaboradores.
  • Poner a prueba las ideas tan pronto como se pueda. Es la forma más rápida de saber si las expectativas sobre el proyecto realmente suceden en la práctica.
  • Controlar las emociones.
  • Evolucionar. Darwin ya hablaba de éxito cuando formuló su teoría de la supervivencia de los más aptos. La capacidad de avanzar en los fines y adaptarse a nuevos entornos es imprescindible.
  • Ser paciente. No hay que buscar las recompensas más inmediatas, sino esperar a obtener otras mayores a largo plazo.
  • Ser feliz. Los superexitosos coinciden en que disfrutar y pasarlo bien con la actividad que llevan a cabo no es solo un objetivo personal, sino una condición necesaria para triunfar.

La mente de una persona triunfadora posee creencias inquebrantables, son ellas ligadas a sus pensamientos de optimismo los que hacen que se sientan plenos con ellos mismos y tengan confianza. Por eso recuerda siempre que un triunfador se compromete, da su palabra y la cumple, no está acostumbrado a posponer lo que promete o se propone como meta y lucha contra viento y marea hasta que lo logra satisfactoriamente.

Para ellos no existen problemas sino retos: las personas triunfadoras no ven los problemas como barreras sino como oportunidades que la vida les ofrece para probar si están listos para dar el siguiente paso hacia el triunfo. Saben admitir cuando se equivocan y aprenden de eso. No les da vergüenza admitir que hicieron algo mal, más bien agradecen que les haya sucedido porque aprendieron una lección que le servirá para mejorar. Reconocen ser buenos en lo que hacen, pero son conscientes que no está de más mejorar y confían en si mismo pero no se conforman con ser buenos sino que buscan ser mejor en cada paso que realizan.

Finalmente, si realmente deseas alcanzar los objetivos y no morir en el intento, debes cuidarte de los “costos hundidos”. Este fenómeno fue descripto en el año 1985 por psicólogos de la Universidad de Ohio que apreciaron que mientras más las personas invierten en un objetivo, más tienden a pensar que este será exitoso. Así, la inversión original hace que la persona continúe apostando por el logro del objetivo, aún a costo de su equilibrio emocional.

 

 

 

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