Home Editoriales Carlos Rojas La historia de Chely y Pedro…
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La historia de Chely y Pedro…

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Hace unos días atrás, mientras esperaba la llegada de mi amigo Roberto, en la siguiente mesa un matrimonio platicaba animadamente sobre lo que es la personalidad y el nombre con que fuimos bautizados.

Decía ella: “el nombre que me pusieron me gusta, me hace feliz, pero realmente me tiene sin cuidado cualquier nombre que me hubiesen puesto, aunque Chely  me gusta”.  El respondió: “también a mí me gusta el mío, Pedro, tengo nombre de apóstol”…y así siguió su animada charla que me tenía discretamente entretenido escuchándolos…

“Bueno, dijo ella, tenemos nombres bonitos pero eso no lo hace todo, ¿que nos falta?”  “Nos falta, dijo él, que seamos sinceros desde el alma… es necesario que los seres humanos tengamos tres cosas en la vida: pan, abrigo y refugio… no debemos estar con hambre, no debemos andar mal vestidos  y debemos tener un hogar como refugio”…

Allí pensé que podemos vivir muy bien sin caer en el pecado de la codicia… Ya hemos comentado que para distinguir entre la necesidad y la codicia es indispensable saber dónde empieza una y termina la otra… El arte de impresionar es muy delicado,  hubo un presidente que con su sonrisa dominaba a su pueblo (y quiero decir dominaba en el buen sentido de la expresión) cada sonrisa suya representaba millones de dólares… Nosotros los hombres sabemos que la sonrisa de una mujer vale más que todas las pieles y diamantes que usan.

Una mujer con una sonrisa cautivadora causa grata impresión entre los hombres. Allí se juntan  la sonrisa de la sinceridad y el perfume de la cortesía realizando verdaderos milagros… Por eso es urgente distinguir entre la sonrisa de la sinceridad y la sonrisa mecánica… la de la sinceridad nace del alma y la mecánica es hipócrita y tenebrosa: es una mueca del diablo.

Hay dos factores en discordia que existen en el hombre: el alma y el diablo… El alma es divina y El diablo es maligno… toda buena acción es del alma y toda mala acción es del diablo… En este instante volvemos a lo que ya hemos hablado antes,  ¿se acuerda del terrible Yo?… bueno, por ejemplo, si usted golpea a una puerta, del otro lado van a contestarle: “¿Quién es?” y usted dirá: “Yo”… Ese Yo,  ese  Mi mismo,  es precisamente el diablo en nosotros…

Hay clarividentes que han visto ese Yo como una entidad horrible que vive dentro del cuerpo humano y, mientras usted duerme, esta entidad sale del cuerpo y viaja por donde quiera que le lleven sus deseos y pasiones… Por eso tenemos que saber o entender que el alma no es el Yo.  El alma es el Ser… Distingamos entre el Ser y el Yo… El Ser es el alma.  El Yo es Satán en nosotros…

De todo esto hablaban Pedro y Chely, algo que me pareció muy interesante… Entonces  mi bendito sentido comenzó a volar sin poder controlarlo y pensé que la mente es un vehículo del alma, sin embargo, cuando somos malos la mente se cambia y se convierte en vehículo del diablo y esa mente solo quiere guerras, busca conflictos, crea vicios, causa codicia , hipocresía, maldad y muchos destrozos.

Para evitar que la maldad sea la que triunfe finalmente  sobre la bondad hay que combatirla y para eso deberemos, inevitablemente, elevar hasta las cumbres más altas nuestras almas…

 

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