La leyenda de la Mecedora
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La leyenda de la Mecedora

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Esta semana les contamos acerca de una leyenda que ha dado vuelta al mundo y es sencillamente escalofriante. La historia narra que una mañana, un joven vio que en el pueblo donde residía había una gran subasta debido a la demolición de una vieja casa abandonada y todos los objetos de valor que en ella se encontraba los iban a vender.

El joven al enterarse fue a ver si veía algo que llamase su atención. Pensaba que sería una buena idea encontrar algo que le sirviera para el salón y pudiera, a su vez, no ser un simple adorno.

Al llegar a la subasta, vio libros viejos, una lámpara, algunos armarios y un baúl, pero nada que llamase su atención. La puja comenzó y él se sentó a observarla pero sin participar, hasta que vio que se remataba una mecedora que, por muy simple que se viese, era perfecta para el rincón del salón de su casa. Así que, después de estar luchando por ese asiento, consiguió comprarlo.

Cuando llegó a su casa, abrió la caja que la contenía y la colocó en el lugar que había dispuesto para ella. Cómoda, confortable y barata, era perfecto para sus horas tanto de lectura como de sueño.

Los días pasaban y él se sentía cada vez más orgulloso de la buena compra que había hecho, sin arrepentirse de nada, pues comía y se tomaba una pequeña siesta o a veces se ponía delante de algún libro a leer, balanceándose horas y horas.

Una noche de tormenta oyó el crujir de la madera, pero pensó que aquel estruendo lo generaban los árboles de la calle, se fue a dormir, porque por la mañana tendría que madrugar para ir a trabajar.

Al día siguiente siguió con su vida rutinaria hasta llegar la noche cuando volvió a escuchar el extraño sonido en la sala.  Fue hasta la habitación a ver lo que pasaba, pero todo estaba en calma, así que se fue a dormir porque ya eran las 3 de la mañana. A partir de ese día cuando el reloj marcaba las 3 de la mañana el ruido se escuchaba cada vez más fuerte. El joven se levantaba, iba a la sala revisaba todo, pero no hallaba nada extraño.

Una noche no podía conciliar el sueño y se puso a leer sentado en su mecedora. Cuando dieron las tres de la mañana se levantó para ir a su cuarto a dormir, aunque se detuvo previamente a beber un poco de agua.

Mientras se encontraba en la cocina oyó de nuevo el ruido que lo ponía nervioso, pues no sabía de dónde provenía y al ir a la sala vio que la mecedora se movía incesantemente. Lo curioso es que allí no corría viento por ninguna parte y lo más increíble fue que, al ponerse delante del asiento, este se paró en seco. El muchacho no podía creer lo que veía, pensaba que había leído demasiado y era todo producto de su imaginación.

Al día siguiente, dando el reloj las tres de la mañana, se escuchó de nuevo ese ruido y al salir vio nuevamente a la mecedora moviéndose agitadamente. El chico no salía de su asombro y el miedo le hizo pensar en deshacerse urgentemente de ese mobiliario.

Sin pensarlo actuó rápidamente dirigiéndose hacia la mecedora para sacarla de su casa pero cuando fue a sostenerla, un escalofrío atravesó su cuerpo, al sentir que una mano se posó en su hombro con mucha fuerza…

A la mañana siguiente un compañero suyo se extrañó de que el joven no fuera a trabajar como cada día, pues siempre era muy puntual y si estaba enfermo, siempre llamaba para avisar.
Acercándose a la casa donde vivía su amigo se fijó que la puerta estaba entreabierta y, sin pensarlo, entró en el lugar. Pasó la entrada y se encontró con la figura de su compañero que, sentado en la mecedora, repetía y repetía como loco… “por favor no dejen que me haga daño… me dijo que esta noche viene por mi y por su mecedora”…

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