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La Leyenda del Doctor G. Velasco: la obsesión de su vida

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La Leyenda del Doctor G. Velasco
La Leyenda del Doctor G. Velasco

¿Quién no ha escuchado alguna vez historias extrañas que dicen haber ocurrido en nuestros propios pueblos? Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas…

Una de las leyendas urbanas que según muchos dicen es una mezcla de verdad y leyenda, es la del doctor G. Velasco prestigioso médico, catedrático de Operaciones y Anatomía de la Escuela de Medicina de San Carlos, España, quien además de médico era coleccionista, viajero y científico eminente, pero que la muerte prematura de su única hija, lo llevó a la obsesión y, quizás… hasta la locura.

Dice la leyenda que la única hija del doctor G. Velasco, siendo muy joven, enfermó de un mal incurable. Según decían algunos fue de tisis, otros decían de tuberculosis y que los médicos poco pudieron hacer para curarla, muriendo al poco tiempo de contraer el mal. Tanta fue la tristeza de su padre y la impotencia por no haber podido salvar la vida de su hija, que pidió y obtuvo un permiso en base a su prestigio como científico, para embalsamar a su hija y retener su cadáver en el domicilio familiar, con el fin de tenerla cerca suyo aun después de muerta…

La leyenda cuenta que en todo el proceso de embalsamiento fue ayudado por su discípulo, el doctor Muñoz que al parecer, era el prometido de la joven difunta.

A las pocas semanas del fallecimiento, comenzó a correrse por Madrid la noticia de que el doctor Velasco y su ayudante sentaban a su mesa el cadáver de la joven embalsamada, como si aun estuviera viva y compartían la mesa hablando con ella con una naturalidad que asustaba a quienes oían las lúgubres historias. Algunos llegaron a decir, incluso, que en una ocasión aquellos dos hombres habían vestido a la difunta de novia y que la cambiaban

La Leyenda del Doctor G. Velasco
La Leyenda del Doctor G. Velasco

de ropa varias veces a la semana.

Los rumores fueron corriendo cada vez más y al poco tiempo toda la ciudad tenía algo para contar de la extraña relación del Doctor con su hija… Algunos incluso llegaron a afirmar que al atardecer el doctor Velasco sacaba a pasear a su hija en el coche de caballos y que la sentaba frente a él, al lado de la ventanilla, para poder “admirar el paisaje”…

La leyenda fue creciendo con el rumor de la gente  y un cierto temor se fue apoderando de los madrileños, que no se atrevían a pasar por delante de la casa del doctor o por sus cercanías, por miedo a ver el cadáver de la joven en la ventana. A su vez, cuando veían el carruaje correr por las calles, las personas daban vuelta su cara con miedo para evitar ver a la joven embalsamada. Algunos periódicos se hicieron eco del rumor y en los salones y cafés de Madrid no se habla de otra cosa.

Nadie confirmó o desmintió jamás el rumor por lo que el pánico estaba siempre latente y así se mantuvo durante muchos años… Aun hoy, de vez en cuando, vuelve la historia a la luz cuando algún escritor recopila esta leyenda madrileña. Una de los compendios más famosos de la leyenda lo escribió el escritor aragonés Ramón J. Sender muchos años después del suceso.

La verdad parece ser que el doctor G. Velasco embalsamó a su hija al fallecer y que su cadáver permaneció en su casa hasta la muerte del doctor. Momificado, pasó a la Facultad de Medicina donde se conserva hoy día. Sin duda las dos pasiones del doctor Velasco fueron el amor a su hija y la creación de su Museo Antropológico.

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