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La libertad de elegir

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Tab Machado
Tab Machado

La gente cree que el éxito y la bonanza económica están tan estrechamente ligados que, una sin la otra, no pueden subsistir. Eso muchas veces los lleva a alejarse de su vocación y elegir trabajos que entienden están mejores remunerados, solo con la esperanza de acumular dinero y acercarse lo más posible a lo que la sociedad identifica y define como logro o triunfo. Es decir, buscan la ruta más corta o cómoda hacia el éxito (que es tan solo un espejismo, porque si finalmente alcanzan por esa vía el dinero que querían, aun se sentirán vacios), olvidándose por

completo de que realizarse en realidad es tener la satisfacción de ejercer la tarea que uno siempre soñó … aunque el dinero no compense tanto esfuerzo… Llegar a obtener logros económicos, abandonando o dejando de lado una vocación, es como llegar a la cumbre del Everest por medio de una carretera cementada de 8 carriles… Apuesto mil a uno que aunque se hiciera esa vía, los verdaderos alpinistas aun escalarían la montaña por su lado escarpado…

Cuenta una historia que un lobo flaco y hambriento, encontró una noche por casualidad a un perro bien nutrido detrás de una reja. Luego de detenerse para cambiar el saludo, preguntó el lobo: “¿Cómo haces para estar tan bien? ¿Qué comes para estar de tan buena apariencia? Yo, que soy más fuerte, me muero de hambre”…

“Igual fortuna tendrías que yo”, respondió el perro indiferente, “si quisieras prestar a mi amo los mismos servicios que yo le presto”.  “¿Qué servicios son esos?”, preguntó intrigado el lobo y el perro respondió impasible: “Guardar su puerta y defender de noche su casa contra los ladrones”…

“Bien, estoy dispuesto a hacer los mismo”, dijo el lobo, “ahora sufro las lluvias y las nieves en los bosques arrastrando una vida miserable. ¡Cuanto más fácil me sería vivir bajo techo y saciarme tranquilo con abundante comida!”… “Pues bien”, dijo el perro, “si eso quieres ven conmigo”.

Mientras caminaban hacia la casa, el lobo vio el cuello pelado del perro por causa de la cadena. “Dime, amigo”, le dijo, “porque tienes pelado el cuello… ¿de dónde viene eso?”

“No es nada”, respondió el perro. El lobo algo inquieto volvió a decir: “Dímelo te lo suplico”… “Está bien”… respondió el perro, “de día me atan a una cadena para que duerma cuando hay luz y me sueltan a la noche para que vigile (aunque no puedo salir del lugar porque hay bardas altas). A veces el guardián también me ata a la cadena para hacer la ronda conmigo… Pero lo bueno es que, al caer el crepúsculo, siempre me traen el pan sin que yo lo pida; el amo me da los huesos de su propia mesa; los criados me dan los restos y las salsas que ya nadie quiere, de modo que, sin trabajo, se llena mi barriga”.

El lobo se detuvo y con dudas volvió a preguntar: “Pero si deseas salir y marcharte donde quieras, ¿te lo permiten?”  “No, eso no”, dijo el perro, “para eso también sirve la cadena”… “Pues entonces”,  dijo el lobo alejándose, “goza tú de esos bienes, ‘afortunado’ perro, porque yo no quisiera ser rey a condición de no ser libre y hacer lo que me gusta y quiero”…

Si para alcanzar el éxito debes abandonar tu vocación  y el increíble gozo de realizarte en lo que te gusta, entonces piénsalo más de dos veces… porque cambiarás la libertad de tu espíritu por la pesada cadena de una vida vacía, que no podrás quitarte jamás a pesar de todos los bienes materiales que obtengas…

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