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La Madrina Siniestra
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La Madrina Siniestra

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MISTERios¿Quién no ha escuchado alguna vez historias extrañas que dicen haber ocurrido en nuestros propios pueblos? Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas…

En un poblado pequeño había un matrimonio tan, pero tan pobre, que no encontraban a alguien que fuera Madrina de su niño recién nacido para el bautizo. El padre salió a convencer a la primera mujer que pasara por el frente de su rancho, pero no encontró a nadie. Cuando regresaba muy triste a su casa, le salió al paso la muerte, a la que le contó lo que pasaba. Ésta le dijo: “No te preocupes, yo haré de madrina y además lo ayudaré para que pueda estudiar porque quiero que sea médico”.

Bautizaron al niño y éste creció feliz y estudió mucho. La madrina apareció de nuevo, después de muchos años que no la veían, el día de la graduación del joven médico.

“Toma esta hierba le dijo, con ella podrás curar cualquier enfermedad, así sea muy grave. Pero eso sí, te advierto: si cuando vayas a visitar a un enfermo me ves esperando al pie de la cama, no intentes tocarlo con la hierba porque a ése le ha llegado la hora”.

La madrina desapareció de nuevo por un buen tiempo. Mientras tanto, gracias a la ayuda de aquella hierba, el muchacho llegó  a ser un médico muy famoso, por curar los casos más difíciles.

Un día lo llamaron a casa de una mujer muy rica que se estaba muriendo, cuando el médico entró a la habitación vio a la muerte, su madrina, al lado de la cama. Sin embargo, la enferma le ofreció tanto dinero que la curó con la hierba.

De regreso a casa, la siniestra madrina, muy molesta, le advirtió: “Por ser la primera vez te perdono, pero recuerda que no debes curar a nadie si yo estoy al pie de su cama”.

El médico siguió salvando vidas y su fama fue en aumento, hasta el punto que todos lo llamaban para que los curara. Cuando un hombre rico y famoso se enfermó gravemente, lo llamó para ofrecerle la mitad de su fortuna si lo curaba, éste accedió a pesar de ver a la muerte esperando al pie de la cama. Una vez que el médico curó al paciente, a pesar de la advertencia de su Madrina, esta un poco molesta y de manera más severa le dijo: “Si lo vuelves a hacer, la próxima vez te tocará a ti”.

Por aquellos días enfermó la hija del presidente y todos los médicos del país se ofrecieron para curarla. El joven médico no acudió hasta que el presidente prometió que si la curaba, se casaría con ella. Cuando entró a la habitación sentía terror de encontrarse con su madrina y, en efecto, allí estaba con su guadaña, mientras le hacía señas para que no la curara. Sin embargo el médico, compadecido de la muchacha y conmovido por su belleza, sacó la hierba milagrosa y la curó. La siniestra madrina le dijo entonces: “Has acabado con mi paciencia. Esta vez voy a cumplir mi amenaza”.

La muerte lo trasladó entonces a una gran habitación donde había muchas velas encendidas de todos los tamaños. Como última concesión, antes de llevárselo con ella, le dijo: “Cada vela corresponde a una vida, cuando ella se apaga se acaba la existencia de esa persona. Si adivinas cual es la tuya, te perdono y seguirás viviendo”.

El joven fue repasándolas una a una y mirando sus llamitas, de las más grandes a las más pequeñas… Por fin, se acercó a una de las más diminutas y exclamó: “Es ésta”. Y realmente era esa la vela de su vida pero, como se había acercado mucho para verla y estudiarla, con el solo aliento que salió de su boca al pronunciar estas dos cortas palabras se apagó la vela y él quedó muerto…

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