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La Pascua: tiempo de reflexión

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La Pascua tiempo de reflexión
La Pascua tiempo de reflexión

La Pascua es la más tradicional e importante fiesta del Cristianismo. De acuerdo a la concepción cristiana, durante la Semana Santa se evoca la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

El verdadero origen de la Pascua se remonta al año 1513 antes de Cristo, cuando el pueblo judío emprendió su éxodo desde Egipto, hacia la Tierra

Prometida. Se celebraba cada año, como recordatorio de la liberación del pueblo hebreo.

La fiesta de la Pascua es la primera de las tres grandes solemnidades de Jehová, las cuáles se proclamaban como santas convocaciones. En esta fiesta se ofrecían a Dios las primicias del ganado y el pan sin levadura hecho con las primeras espigas de la cosecha, pero su gran importancia radica no sólo en su carácter agrícola, sino en que esta solemnidad conmemoraba la milagrosa liberación de la esclavitud del pueblo de Israel y su salida de Egipto.

La fiesta de la Pascua se celebraba por mandato divino el día 14 de Nisán, primer mes del calendario hebreo y se prolongaba hasta el día 21, en los cuáles se debería comer el pan sin levadura.

La institución de la fiesta de Pascua se relaciona con la última de las diez plagas que Dios envió a Egipto como manifestación de su poder para liberar a su pueblo. Por eso los israelitas recibieron instrucciones de tomar un cordero sin defecto en el día 10 del primer mes, un cordero por familia, el cual debería inmolarse (sacrificarse) el día 14 del mismo mes entre las dos tardes, utilizando la sangre para señalar los dos postes y el dintel de las casas. Esa misma noche, en el vínculo familiar, se debía comer asado al fuego con panes sin levadura y hierbas amargas, no debiendo quebrantar ninguno de sus huesos.

Cuando Jehová envió la décima plaga, el Ángel del Señor penetró por toda la tierra de Egipto hiriendo al primogénito de cada casa, desde el hijo del faraón hasta el primogénito de los animales, excluyendo los lugares hebreos, donde encontró la señal de sangre de la Pascua. Y es por lo que su nombre Pascua (en hebreo Pesaj) significa “salto” o “brinco”. Después de esto, faraón permitió la salida del pueblo de Israel de la tierra de Egipto.

El nuevo pacto

Por su parte, para los cristianos, la Pascua es la conmemoración anual del misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Para celebrar el aniversario de estos acontecimientos salvadores, cada año en la fecha apropiada (el domingo después de la primera luna llena de primavera), los cristianos conmemoran la Resurrección de Cristo (la Pascua).

Esta conmemoración se prepara con los cuarenta días de cuaresma y se celebra resiguiendo los pasos de Jesús hacia el Calvario. Comienza el domingo de Ramos haciendo memoria de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. El Jueves Santo se recuerda la última cena de Jesús con los apóstoles donde se instituyó el sacramento de la Eucaristía y el viernes se conmemora la pasión y muerte del Señor en la Cruz.

La Pascua tiempo de reflexión
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Finalmente, el Sábado Santo, es la Vigilia Pascual, que abre las grandes celebraciones del Santo día de Pascua, que se alargan durante 50 días hasta Pentecostés, la fiesta de la llegada del Espíritu Santo.

Finalmente se celebra la Eucaristía Pascual, Eucaristía que se repite cada domingo y, sobre todo, los domingos de Pascua para revivir la Resurrección de Cristo, centro de la fe cristiana.

Las costumbres de la Pascua a través del tiempo

¿Qué relación tienen los íconos de la Pascua que hoy conocemos, tales como los huevos, las roscas y los conejos, con esta celebración? ¿Verdaderamente, se otorga hoy el mismo sentido religioso a este acontecimiento como en la antigüedad?

Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha observado distintas festividades, consideradas sagradas para muchos feligreses. Sin embargo, con frecuencia ocurre que lo sagrado se mezcla con lo profano, formando un sincretismo de múltiples culturas. Muchas observancias paganas fueron cambiando de fecha, hasta coincidir finalmente, con la celebración de la Pascua.

Antiguamente el cordero de Pascua era escogido por cada familia. Con el tiempo, la ceremonia de inmolación fue llevada a cabo por la clase sacerdotal. El animal debía ser un macho cabrío, sano y de un año de edad. Se inmolaba al finalizar el día y por la noche se comía con lechugas amargas. No estaba permitido romper sus huesos, ni dejar restos de carne. Por esta razón, los israelitas se reunían en grupos, para cumplir con las prescripciones de orden sagrado. Durante los siete días posteriores al 14 de Nisán (mes del calendario israelita correspondiente a marzo – abril del calendario español), el pueblo hebreo sólo comía pan sin levadura (no fermentado), al que llamaban “ázimo” o “pan de aflicción”.

Por su parte, para los cristianos, la Pascua es la fiesta instruida en memoria de de la resurrección de Cristo.

El registro bíblico dice que la noche anterior a su muerte, Jesús se reunió con sus discípulos para celebrar la Pascua judía. Posteriormente, instituyó lo que se conoce como la “Cena del Señor”, y dijo a sus apóstoles “Sigan haciendo esto, en memoria de mi” (Lucas 22:19). La Cena del Señor debía celebrarse una vez al año, con ella se conmemoraba la muerte de Cristo.

La Nueva Enciclopedia Británica explica que los primeros cristianos celebraban la Pascua del Señor, al mismo tiempo que los judíos, durante la noche de la primera luna llena pascual (del día 14 de abib), del primer mes de primavera (14-15 de Nisán).

A mediados del siglo II, la mayoría de las iglesias había trasladado esta celebración, al domingo posterior a la festividad Judía. El Viernes Santo y el día de la Pascua Florida no empezaron a celebrarse como conmemoraciones separadas en Jerusalén, hasta finales del siglo IV.

Sin duda, de todas las costumbres pascuales, la más popular es la de los huevos de Pascua. El huevo de Pascua ha tenido siempre una venerable historia, desde aquellos primeros cristianos que le consideraron como símbolo de la Resurrección de Jesús.

En la Edad Media, cuando llegaba la Pascua, los huevos se pintaban y eran los obsequios más preciados durante esos días, hasta el punto de que en el siglo XVII, el Papa Pablo V bendijo al humilde huevo en una plegaria, quizás para olvidar la prohibición decretada por la Iglesia en el siglo IX, de no consumirlos durante toda la cuaresma.

La llegada de la Pascua suponía el levantamiento de la norma y el fervor por los huevos se desataba, tanto en la cocina como en los regalos entre familiares, amigos y sirvientes. Suponía desquitarse de la penitencia impuesta durante cuarenta y seis días. Era el festín del huevo porque éste representaba el regocijo y la vuelta a la alegría.

Como la conservación de los huevos durante la cuaresma era problemática (no había refrigeradores), lo habitual era bañarlos en cera líquida, así, la fina capa protectora que los cubría permitía mantenerlos más frescos. De ahí vino la costumbre de colorearlos y decorarlos con ceras.

Con el tiempo, la Iglesia levantó el veto al huevo, pero eso no impidió la costumbre de celebrar la Pascua consumiéndolos y regalándolos. Costumbre que ha perdurado hasta hoy.

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