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La pesada ancla de recuerdos amargos

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Es muy común oír y ver a personas quedar atadas a una experiencia negativa de su pasado y soñar una y otra vez con la misma situación, pero siempre con un final diferente al que realmente tuvo. Es por eso que, periódicamente, rememoran el evento idealizando nuevos e hipotéticos escenarios en el que cambian el final real por uno (inevitablemente) feliz que, a lo mejor, podría haber ocurrido.

Claro, en el mundo de las conjeturas y teorías todo se compone y todo es posible, pero la cruda realidad (esa que muchas veces se prefiere no ver) marca que muy difícilmente lo que fue malo se transforme en bueno como por arte de magia y, mucho más cuando la situación no depende solo de uno. Increíblemente igual siempre hay alguien que, dejándose llevar por esa quimera que vela la razón y nubla el entendimiento, fuerza la situación e intenta revivir la experiencia para únicamente ahondar y profundizar el dolor y la frustración inicial…

Cuenta una historia aleccionante que un hombre, cansado de no sacar nunca la lotería jugando siempre en un mismo lugar, decidió un día cambiar de comercio. La tarde antes del sorteo pensó que el cambio que había hecho finalmente le permitiría sacar el premio mayor (¡cómo no se le había ocurrido antes!), así que una gran sonrisa se dibujó en su rostro y esperó confiado. Por la noche, mientras escuchaba el sorteo por radio se puso a imaginar que iba a hacer con el dinero ganado. “Me compro un campo”, meditó mientras veía a su hijo jugar despreocupado. “También me voy a comprar unas ovejas que van a tener corderitos y voy a hacer mucho dinero con la lana que esquile”, se dijo muy contento y apasionado. De repente cantaron por la radio el premio mayor y no era el número que él había comprado así que, con gran frustración y aún sin abandonar su sueño, le dio un manotazo a su hijo. La esposa lo vio y le recriminó duramente diciéndole: “¡porque le pegas a tu hijo!” y el hombre confuso y molesto por ver que se repetía nuevamente la historia de la lotería le dijo: “Es que se descuidó al abrir la portera del campo y ¡se nos han ido todas las ovejas!”…

No te permitas quedar atado en forma perenne a una pesada ancla de recuerdos amargos, porque el tiempo no vuelve atrás para reformar las cosas a tu gusto y el punzante garfio de una quimera irrealizable tan solo lacerará tu espíritu y te hundirá junto aquello que sublimas pero, por más que lo sueñes, ya no será jamás…

 

 

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