Home Editoriales Carlos Rojas La razón del Ser…
0

La razón del Ser…

0
0
Carlos Rojas
Carlos Rojas

Quiero contarles algo que me ocurrió hace muchos años y que no quiero, por ningún motivo, que le pase a alguno de ustedes… y  todo por no tener fuerza de voluntad  propia, por no saber discernir o por  no saber decir que no.

Concretamente,  a veces por quedar bien con alguien nos metemos en situaciones difíciles… tenemos o debemos de tener carácter para decidir con firmeza y por si mismos, cualquier cosa que vayamos a emprender y todo saldrá bien (no permitamos que nadie nos maneje o decida por nosotros)…

Corría el año 1969 o 1970, la antena de la radio donde yo me divertía  o trabajaba, estaba en una colina muy hermosa llena de arboles y de un fresco y alegre arroyo, aquel lugar era como un paraíso…  Al patrón en una ocasión  le comentamos los compañeros que sería muy bonito que las oficinas  y los estudios de la radio los tuviésemos en esa colina que bien parecía una tarjeta postal… El patrón solo  sonrió y dijo que sería muy bonito y ojalá que algún día lo hiciéramos…

El comentario quedo ahí  y se esfumó con el tiempo, ya nadie más volvió  a comentar nada al respecto. Pasó un año, pasó otro, quizás un tercero y muy cerca a una fecha de Navidad el patrón se fue de viaje. Todo se desarrollaba con normalidad… el patrón  no estaba pero ya llegaría y todos  los empleados estábamos  en santa  paz.

De repente apareció alguien comentando como era posible, que ya era navidad  y nuestro patrón no estaba, que el andaría gozando de la vida y pasándosela bien y que nosotros  haciéndole la bolsa mas grande. Que él tenía que estar presente para pagarnos aguinaldo y el bono de Navidad y que teníamos que hacer algo.

Pues… hicimos algo, dejándonos llevar de la mala intención de este, una comisión de nosotros  llamó a la prensa y lógicamente se hizo la queja respectiva. Al día siguiente apareció el patrón con un paquete de periódicos bajo el brazo y nos llamó a su despacho… nos saludó a todos preguntándonos como nos había ido la noche que acababa de irse y que justo había sido navidad…

“Discúlpenme el haberme retrasado para llegar con ustedes, pero quería sorprenderlos y resulta que yo fui el sorprendido. Recordarán… (dijo el patrón con una grave  y pausada voz) que  teníamos  planes para cambiar o mover los estudios para donde está la antena”…

“Si recordamos”, contestamos a coro… “Bueno… (otra vez el patrón continuó) me retrasé porque  precisamente fui  a que el abogado me hiciera los documentos o escrituras para que todos y cada uno de ustedes tuviese su terreno y su casa donde sentí que la querían tener: junto a la antena, en el lugar que anhelaban  ustedes… Pensé que  esa sorpresa sería mi mejor regalo de navidad para mis empleados, pero mis empleados me cambiaron la jugada”…

Abrió  un elegante portafolio  y nos dijo mostrándonos los documentos: aquí esta la  escritura de la casa de Miguel, aquí está la de Ismael, aquí está la de mengano, la de perengano y así sucesivamente…

Nos dolió  mucho porque cada que mencionaba el nombre de un compañero nos mostraba las escrituras y una a una las fue rompiendo… ¿vaya lección verdad? ¡Bien merecida, para no dejarnos llevar por nadie!

Nuestra bendita mente nos jugó una mala pasada, porque nos fue fácil pensar que el patrón  la andaba pasando bien… y el andaba buscando el bien de nosotros… Por eso es urgente que aprendamos a dominar nuestra mente,  esto es inaplazable, hay que platicar con ella, recriminarla, azotarla con el látigo de la voluntad y hacerla obedecer…

La mente nos hace cometer  muchas atrocidades, tenemos que buscar a nuestro Ser,  porque el Ser no necesita del pensar, del razonar, quien razona es la mente… el Ser es el Ser y la razón de ser del Ser es el mismo Ser,  el es lo que es y lo que siempre será… Él es la vida que palpita en cada átomo como palpita en cada sol… así que lo que piensa no es el Ser…

Tenemos que dominar a nuestra mente y esto es urgente, hay que subyugarla, azotarla, interrogarla y que quede bien claro que no necesitamos someter o controlar mentes ajenas, no necesitamos dominar la mente de nadie, lo que necesitamos es someter  a nuestra propia mente y dominarla… Cuando lo logremos sentiremos entrar en ese elemento transformador y luchar intensamente hasta conseguir la auto – realización intima del Ser…

Recuerde bien esto: lo importante no es lo que otros dicen sino lo que experimentemos por si mismos…

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *