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La sabia curiosidad de un niño…
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La sabia curiosidad de un niño…

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Carlos Rojas
Carlos Rojas

Querido lector de Ultimas Noticias, siempre me concedo el gusto de saludarlos  imaginariamente de mano… pero hoy permítanme  saludarlos también de forma imaginaria con un abrazo y que  sientan el amor y calor con que se los doy.

De pequeño me encantaban los circos y me gustaba en especial el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño y fuerza descomunal. Pero después de su actuación, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

La estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra… me parecía que ese animal que era capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio para mí era evidente, ¿por qué no huye? Pregunté a la gente mayor por el misterio del elefante. Alguien me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.  Entonces surgió la pregunta obvia: “Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?” No recibí ninguna respuesta que me convenciera.

Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca. Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: el elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó una y otra vez, tiró, sudó, tratando de soltarse y, a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar y también al otro y al que le seguía. Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree que no puede. Y jamás intentó poner a prueba su fuerza otra vez. Hasta que un día, un terrible día que lo marcaría para siempre, el animal aceptó con impotencia y resignación  su destino.

Este elefante enorme y poderoso que vemos en el circo, no escapa porque CREE QUE NO PUEDE… (y muchos de nosotros varias veces pensamos igual) Él tiene recuerdo de ese fracaso, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor, es que jamás se volvió a cuestionar seriamente, si aun no podía.

Jamás… jamás intentó poner a prueba su fuerza otra vez, aun viendo como su cuerpo crecía y se hacía cada vez más fuerte. Simplemente nunca más lo volvió a intentar…

Muchas veces somos un poco o un mucho como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que muchas cosas “no las podemos hacer”, simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Y nos olvidamos de que hay que  perseverar, hay que insistir  y no claudicar.

Y ¡Vamos! ¡Vamos!… la única manera de saberlo, es intentarlo de nuevo, no importa el “que dirán”, ni las falsas premisas, ni los saboteadores profesionales, pongamos una vez más a prueba nuestras fuerzas… Hoy puede ser. Hoy puede ser ¡Vamos! ¡Dios está de nuestro lado! Esa es la historia, cuento, moraleja o lo que usted quiera, solo aplíquela a su vida.

Gracias por leer Ultimas Noticias…los niños siempre son sabios… y esta historia es ¡La sabia curiosidad de un niño!…

 

 

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