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La tragedia de los comunes
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La tragedia de los comunes

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Tab Machado
Tab Machado

Es tan delicado el equilibrio que hay entre el derecho y el deber en una sociedad en general y de los individuos en particular, que muchas veces no se distingue donde termina uno y empieza el otro generando, por tanto, que en algunas oportunidades la balanza se incline para uno u otro lado, haciendo que el equilibrio se pierda y se genere confusión y malestar.

En realidad todos los seres humanos sabemos con certeza cuáles son nuestros derechos y también nuestras obligaciones para mantener sana la sociedad donde vivimos y que la humanidad tenga una tenue esperanza de un futuro mejor pero, sin embargo, todos igual tratamos de ‘estirar’ esos derechos (en detrimento del derecho de otras personas) y ‘apocar o acortar’ los deberes, para poder satisfacer nuestra más pura individualidad. Aquello de: “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” (que solo sirve para sacar ventajas personales), lamentablemente es algo que se ha generalizado tanto en la sociedad moderna, que se corre el riesgo de que se haga realidad la parábola llamada ‘La tragedia de los comunes’.

‘La tragedia de los comunes’ apareció por primera vez en un folleto escrito en 1833, por el matemático William Foster. Cuenta esta historia acerca de un grupo de pastores que utilizaban una misma zona de pastos. Uno de esos pastores pensó que podía añadir una oveja más a las que pacían en los pastos comunes, ya que el impacto de un solo animal apenas afectaría a la capacidad de recuperación del suelo. Los demás pastores pensaron también, individualmente, que podían ganar una oveja más sin que los pastos se deteriorasen, pero la suma del deterioro imperceptible causado por cada animal arruinó los pastos y, tanto los animales como los pastores, murieron de hambre.

Eso es lo que pasa cuando los seres humanos, motivados solo por el interés personal y actuando independiente pero racionalmente, terminan por destruir un recurso compartido limitado (el común) aunque a ninguno de ellos, ya sea como individuos o en conjunto, les convenga que tal destrucción suceda.

Eso, lamentablemente, es lo que está pasando con los valores humanos en el mundo de hoy… todos saben lo importantes que son, todos reclaman imperativamente que se cumplan pero, a su vez, todos ‘estiran’ sus derechos por sobre sus deberes y, aun peor, sobre los derechos de los demás, convirtiendo a la sociedad en un verdadero pandemónium en el que, tarde o temprano, sucumbiremos todos. Es que, la delicada línea entre los derechos y los deberes individuales, a veces transita por el insondable camino de la mente y el espíritu humano y es en ese laberinto indescifrable donde se borra o pierde la delicada línea donde terminan nuestros derechos e inicia nuestro deber…

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