La vida no se puede ahorrar… solo vivirla

¿Corres todo el día sin parar? ¿Postergas las cosas importantes por las urgentes? ¿Nunca tienes tiempo para tu familia? ¿Estás de mal humor? ¿Te cuesta mucho reír o comunicarte con los que quieres? Si has respondido que si a alguna de estas preguntas  entonces, quizás, deberías terminar de leer esta columna… a lo mejor tu óptica de la vida cambia radicalmente…

Vivir es toda una aventura, un gran desafío que debemos de asumir y disfrutar como corresponde por lo que, si nos enfocamos solo en correr para alcanzar un bienestar económico o lograr una posición social satisfactoria, puede que cuando alcancemos ese objetivo sea tarde para vivir ciertos momentos que ya no volverán a tener cabida en nuestra existencia. Si bien es importante tener los medios económicos para subsistir y mantener una familia en forma decorosa, es tan o más importante disfrutar de los logros que cosechas y destinar parte de tu tiempo para disfrutar con aquellas personas que quieres, porque la vida y el tiempo no se pueden ahorrar y, curiosamente, las personas más felices no necesariamente tienen siempre lo mejor de todo…

Cuenta una historia que dos amigos platicaban un sábado de mañana por radio sobre el tiempo y la vida. Uno de ellos, Tomás, (que era el más joven) se quejaba del poco tiempo que disponía porque siempre estaba trabajando, por lo que debía postergar asiduamente a su familia. Pedro, el mayor de ambos, le respondía así: “Bueno, Tomás, de veras que parece que estás ocupado con tu trabajo. Estoy seguro de que te pagan bien, pero es una lástima que tengas que estar fuera de casa y lejos de tu familia tanto tiempo. Es difícil imaginar que un hombre joven tenga que trabajar tanto para sobrevivir. ¡Qué triste que te perdieras la presentación de tu hija!”…

Pedro entonces prosiguió diciendo: “Tomás, te voy a contar algo que me ha ayudado a mantener una buena perspectiva sobre mis prioridades: es mi teoría de las “mil bolitas”… Un día que me sentía igual que tú hoy, me senté e hice algo de aritmética: las personas viven como promedio unos setenta y cinco años, así que multipliqué 75 por las 52 semanas del año y obtuve 3.900 que es el número de sábados que la persona promedio habrá de tener en toda su vida… Casi tenía 55 años cuando pensé todo esto en detalle. Y para ése entonces ¡ya había vivido más de 2800 sábados! Eso me hizo pensar que si llegaba a los 75, sólo me quedarían unos 1000 sábados más para disfrutar, así que fui a la juguetería y compré 1000 canicas. Las llevé a casa y las puse en un gran frasco de cristal, junto a mi equipo de radioaficionado y cada sábado, a partir de entonces, he tomado una canica y la he tirado. Descubrí con ese método que al observar cómo disminuían las bolitas, me enfocaba más sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida. No hay nada como ver cómo se agota tu tiempo, para ajustar y adaptar tus prioridades y tus preferencias…

Ahora déjame decirte una última cosa antes que nos desconectemos, ya que llevaré a mi esposa a desayunar… Esta mañana, saqué la última bolita del frasco y me di cuenta de que si vivo hasta el próximo sábado, entonces se me habrá concedido un poquito más de tiempo de vida y si hay algo que todos podemos usar es un poco más de tiempo”…

El silencio al otro lado del radio era total, así que Pedro le dijo finalmente a su amigo: “Tomás, me gustó mucho conversar contigo, espero que reflexiones sobre mi teoría de las mil bolitas y te sirva para redefinir tus prioridades y estar más tiempo con tu familia… Hasta pronto, se despide ‘el hombre de 75 años’ ¡buen día!”…

Como pueden ver la vida no se puede ahorrar, ni tampoco malgastar, porque no es una cuenta bancaria, hay que vivirla a pleno y regocijarse cada segundo de nuestra existencia porque la felicidad no es una meta sino un camino y hay que disfrutarlo mientras lo recorres…

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