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Ladran… señal que cabalgamos

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Tab Machado
Tab Machado

Dicen que una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en verdad y creo que algo de cierto hay en dicho pensamiento ya que, por ejemplo, la frase del título de esta columna es atribuido mundialmente nada más ni nada menos que al Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra y la misma no aparece ni siquiera una vez en el libro original del genial escritor (aunque si en versiones

libres de El Quijote para el cine). La frase en realidad pertenece a Johann Wolfgang von Goethe, poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán en su obra Ladrador, de 1808…

Tantas veces se ha repetido la frase atribuyéndosela al personaje creado por Cervantes que hoy, cuando uno la dice, todos piensan inmediatamente en el noble caballero de la armadura…

Así pasa también en la vida diaria cuando algunas personas, que sufren el mal de la envidia, quieren minimizar a otras porque se sienten celosas de sus logros, entonces buscan hacer daño diciendo mentiras o atribuyendo sus logros a obra de terceros… Es que, la frustración y el deseo de nivelar hacia abajo sumado a un reconocimiento implícito e inconsciente de sus propias capacidades,  los lleva inevitablemente a que, si no se puede igualar o superar a alguien, entonces mejor bajarlo de la consideración de los demás con calumnias… Pero, aunque una mentira repetida mil veces parezca verdad, sigue siendo mentira y el gran juez de la vida que es el tiempo pone todo siempre en su lugar…

Esto me hace recordar una popular historia de un árbol que no sabía quién era y quería parecerse a los demás… Este árbol vivía en un hermoso jardín, rodeado de manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales.  Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos, menos el árbol resentido que  siempre estaba triste y celoso de ver a los demás felices y prósperos…  Es que el pobre tenía un problema: no daba frutos.  “No sé quién soy”, se lamentaba…

“Lo que te falta es concentración”, le decía el manzano, “si realmente lo intentas, podrás tener deliciosas manzanas. ¿Ves que fácil es?”…

“No lo escuches”, señalaba el rosal, “es más sencillo tener rosas y ¿Ves que bellas son?”…  Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían, pero como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves y al ver la desesperación del árbol, exclamó: “no te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Es tu enfoque lo que te hace sufrir. No dediques tu vida a envidiar a los demás y tratar de ser como ellos.  Sé tú mismo, conócete como eres, deja ver los frutos de los demás y escucha tu voz interior”…  Dicho esto, el búho se fue.

¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? se preguntaba el árbol desesperado.  Y se puso a meditar esos conceptos.  Finalmente comprendió y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón y pudo escuchar su voz interior diciéndole: “Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros y belleza al paisaje.  Eso es quién eres.  No mires los frutos de los demás ¡Sé lo que eres!…  Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces todo el jardín fue completamente feliz, cada quien celebrándose a sí mismo.

Dice un dicho popular que el clavo que sobresale siempre recibe un martillazo por eso, si alguien te envidia o siente celos de ti, simplemente repite la frase del título: ladran… ¡señal que cabalgamos!

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