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Las apariencias engañan…
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Las apariencias engañan…

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Tab Machado
Tab Machado

Se dice que lo esencial es invisible a los ojos… sin embargo en la sociedad moderna la cultura física y la belleza corporal se han transformado en decisivas a la hora de conformar parejas que, con el paso del tiempo, la incompatibilidad de caracteres se encarga de deshacer… Si bien es imposible dejar de reconocer la importancia de la atracción física en una pareja, esta no es la razón principal para que un amor dure para siempre… En la semana del amor y la amistad queremos reflejar, a través de la siguiente historia, la importancia del espíritu y la afinidad de dos almas en una relación de vínculo indeleble…

John Blanchard entró a una biblioteca en Florida tomó un libro de un estante y se sintió intrigado, no por el contenido del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen.  La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lúcida. En la primera página del libro descubrió el nombre de la antigua propietaria del libro, Miss Hollis Maynell.

Invirtiendo tiempo y esfuerzo, consiguió su dirección. Ella vivía en la ciudad de Nueva York. Le escribió una carta presentándose e invitándola a seguir una amistad. Al día siguiente, sin embargo, fue embarcado a ultramar para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegaron a conocerse a través de su correspondencia.

Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer. Blanchard le pidió una fotografía, pero ella se rehusó. Ella pensaba que si él realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importar.  Cuando finalmente llegó el día en que él debía regresar de Europa, ambos fijaron su primera cita a las siete de la noche, en la estación de trenes de Nueva York.

Ella escribió: ‘Me reconocerás por la rosa roja que llevaré puesta en la solapa’. El escribió: ‘Llevaré el libro en mis manos’. Así que a las siete en punto, él estaba en la estación, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.

De pronto, una joven caminó hacia John, su figura era larga y delgada, su cabello rubio caía hacia atrás en rizos, sus ojos eran tan azules como flores, sus labios y su barbilla tenían una firmeza amable y, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada. Él comenzó a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su solapa. La joven al acercarse, con una pequeña y provocativa sonrisa le dijo: ‘¿Vas en esa dirección, marinero?’.

Casi incontrolablemente, John dio un paso para seguirla y en ese momento vio a Hollis Maynell. Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cuarenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante llenita y sus pies lucían unos zapatos de tacón bajo.

La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Se sintió como partido en dos, tan vivo era su deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era su anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu le había acompañando sinceramente y que se confundía con el de él.  Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable.

No dudó más… sus dedos afianzaron la gastada cubierta de piel azul del pequeño volumen que haría que ella lo identificara. ‘Esto no sería amor, pero sería algo precioso, algo quizá aún mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba agradecido’, pensó John.

Se cuadró, saludó y le extendió el libro a la mujer diciendo: ‘Soy John Blanchard y usted debe ser Hollis. Estoy muy contento de que pudiera usted acudir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar?”…

La cara de la mujer se ensanchó con una sonrisa tolerante… “No sé de qué se trata todo esto, muchacho”, respondió, “pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplicó que pusiera esta rosa en la solapa de mi abrigo. Y me pidió que, si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo está esperando en el restaurante que está cruzando la calle. Dijo que era algo así como una prueba”…

No es difícil entender y admirar la sabiduría de Miss Maynell ya que ella sabía que la verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo.  No nos dejemos guiar únicamente por las apariencias… busquemos siempre lo esencial mucho mas allá de lo que ven nuestros ojos… Feliz semana del amor y la amistad…

 

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