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Las cosas en su lugar…
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Las cosas en su lugar…

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Tab Machado
Tab Machado

Hay personas que creen que, por hacer una parte ínfima de un trabajo, tienen el derecho a llevarse todo el crédito y, además, la paga de la faena, dejando a los demás participantes con las manos vacías de toda recompensa. Es que es tanto su egoísmo, que no reparan en el esfuerzo de quienes trabajaron en equipo para alcanzar la meta y solo piensan en resarcirse ellos económicamente, así como llevarse el crédito del logro. Pero las mentiras tienen patas cortas y a la larga siempre se descubre la verdad, porque la aptitud no se compra en la farmacia y el paso del tiempo siempre pone las cosas en su lugar.

A veces la realidad supera la ficción y algo similar me ocurrió hace ya mucho, mucho tiempo. Resulta que el dueño del lugar donde trabajaba me llamó para preguntarme si conocía a la directora de una empresa muy importante, porque ella era alguien nacida en la misma región que yo. Casualmente la persona no solo era conocida sino que, además, era amiga de mi familia, así que el dueño de la empresa para la que trabajaba me dijo que si iba y conseguía negociar con ella, me daría el 50% de lo logrado para mí.

Concerté una reunión, fui a verla y concordamos un negocio. Solo restaba hacer una carta citando lo convenido y esperar la ‘orden de publicidad’  para que la operación quedara cerrada. Volví a la empresa y le dije al dueño que elaborara la carta con los términos acordados para que el negocio quedara cerrado. Así lo hizo y, efectivamente, 3 días después todo estaba finiquitado.

Tiempo más tarde el dueño de la empresa me volvió a llamar para decirme que debía ir a buscar el cheque de pago correspondiente. Así que fui, cobré y volví a la empresa. El dueño me agradeció y me dijo “puedes seguir trabajando”…

Cuando ya salía de su oficina pregunté: “¿cuándo paso a cobrar mi parte?” El dueño levantó la vista y, con cara de no entender mi consulta, me dijo: “¿Que parte?” Inocentemente respondí, “la parte que me prometió si yo concretaba esta transacción”. Y él me dijo muy suelto de cuerpo: “la carta la hice yo, ¿por qué debo de darte algo?”

Me retiré masticando la desazón y mucho mas fue la impotencia cuando escuché por toda la empresa “el gran negocio que había hecho el jefe”.  Pero, como dije, el tiempo pone todo en su lugar así que, tres meses después, cuando finalizaba el dichoso contrato, otra vez me llamó el dueño de la empresa y me dijo, “hay que hacer la renovación del negocio… ¿te puedes encargar?” Yo le dije que hiciera una carta y pidiera la renovación, a lo que él me comentó: “tú sabes cómo son los negocios, a mi no me conocen. Tienes que ir y renegociar, encárgate por favor que esta vez si te doy el 50%”. Lo miré, me sonreí y solamente le dije… “perdón, debo retirarme porque tengo mucho trabajo”…

Las ganancias obtenidas usufructuando la labor y el esfuerzo de los demás es efímera y sus beneficios son siempre transitorios y temporales, por lo que acaban antes de lo que se espera. Recuerda siempre que aquel que es tacaño en cuerpo y alma termina, casi siempre, quedándose sin nada…

 

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