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Las esferas de Piedra

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Jalisco

Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de bocaen boca como si fueran ciertas…

En el mes de agosto, como preludio de la celebración de  la Semana Jalisco que realiza la Federación Jalisciense del Medio Oeste para honrar la cultura y las tradiciones jaliscienses, relatamos leyendas urbanas que, según dice el

acervo popular, han sucedido en diferentes pueblos y ciudades de Jalisco. Hoy nos referiremos a un hecho enigmático y popular de Ahualulco de Mercado. Las “esferas de piedra” son uno de los enigmas más grandes de la región y muchas historias se tejen a su alrededor…  En las faldas de los cerros de Agua Blanca y  Piedras Bola, en la Sierra Ameca, existen cerca de mil esferas de piedra de basalto y arenisca finamente pulidas y con diámetros que oscilan entre los uno y cinco metros. Su origen es desconocido, existen piedras de este tipo sólo en tres partes de nuestro planeta y se caracterizan por su tamaño y perfecta redondez, según investigaciones se formaron hace más de 40 millones de años. Según narra una leyenda regional y los restos arqueológicos de la cultura “teuchitlán”, que habitó la región hace más de cuatro mil años, allí era: el “lugar de los dioses”.

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En la zona circula una tradición en la que se habla de gigantes de dos y tres metros de altura que, al parecer, habitaron Ameca. Según la creencia popular, entre 1986 y 1990, llegaron a la sierra arqueólogos que permanecieron excavando durante varias jornadas  en “Los Llanos”. Allí, según dice la leyenda, encontraron una tumba muy extraña perteneciente a un individuo de grandes proporciones. El cráneo era tres veces más grande de lo normal y los dientes tan grandes como los de un caballo…

¿Qué dicen las crónicas de la época de estas enigmáticas “bolas de piedra”? Nada. Silencio. Durante la conquista, ninguno de los españoles hace mención de estas asombrosas y desconcertantes bolas. En 1524, el poblado de Ahualulco fue conquistado por Cortés de Buenaventura. Las esferas, sin embargo, no aparecen en las crónicas. Y aunque resulte extraño, tampoco Cristóbal de Oñate se refiere a ellas cuando, en 1547, descubre las ricas minas de hierro, oro y plata de la región. ¿Cómo es posible? Para llegar hasta dichas minas tuvo que pasar muy cerca de las esferas…

Un misterio sin develar

En 1967 Robert Gordon, Director de la mina denominada “Piedra Bola” (llamada así por la esfera que se alza frente a la referida mina), descubrió otra serie de esferas, muy similares a la que se levanta junto al yacimiento. Acudió a un paraje a dos kilómetros de la mina y descubrió asombrado otras cinco perfectas y enormes esferas de piedra. Ese hallazgo fue el primero de una larga e ininterrumpida cadena de nuevos descubrimientos.

Gordon envió fotografías al arqueólogo Matthew Stirling y en diciembre de ese mismo año se iniciaron las excavaciones oficiales. Stirling llegó a desenterrar otras diecisiete grandes esferas. Una de ellas de 3,35 metros de diámetro. El resto, de 1,80 metros. Y al igual que sucedió con Gordon, Stirling quedó deslumbrado. La mayor parte de las bolas presentaban un pulido minucioso e impecable, con un peso medio aproximado de diez toneladas por unidad.?Aquello no podía ser casual. ¿Cómo era posible semejante belleza en el pulido? Y lo más desconcertante: ¿cómo se las ingeniaron para trasladar la esfera de 3,35 metros y casi veinte toneladas, hasta la cumbre de la sierra? ¿Habrían existido gigantes en el área como cuenta la leyenda regional?

En Marzo de 1968 el geólogo Robert Smith, tras examinar las bolas, llegó a la conclusión de que se habían formado como resultado de la cristalización de burbujas gaseosas. Un fenómeno originado por un cristal volcánico llamado obsidiana, formado hace cuarenta millones de años en el seno de cenizas volcánicas que sepultaron la mayor parte de la sierra de Ameca. Cenizas aparecidas en el lugar como consecuencia de una gigantesca avalancha volcánica. La sierra, afirmó Smith, fue materialmente enterrada en ceniza y allí, en el fondo de los depósitos, surgieron las esferas. A temperaturas que oscilaron entre 540 y 760 grados Celsius, dichas cenizas se fundieron, cristalizando por enfriamiento y progresando en sucesivos frentes esféricos. Después, la erosión eliminó el colchón de cenizas y las esferas quedaron libres. Sin embargo la mayoría de las bolas están compuestas de arenisca y basalto, por lo que el misterio quedó sin resolverse.

También en un momento se dijo que era lo que se denomina “Bombas volcánicas”, pero tampoco es posible eso porque dichas bombas no son perfectamente esféricas… ¿Entonces?… la leyenda continua y el enigma sigue latente… si usted quiere admirar este capricho de la naturaleza o juguete de los gigantes, solo tiene que visitar Ahualulco de Mercado… seguro que no se va a arrepentir…

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