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Las leyendas urbanas más famosas
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Las leyendas urbanas más famosas

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Continuamos con la saga de las leyendas urbanas más famosas que se han escuchado en todo el orbe. Esta semana le traemos una espeluznante historia: Bárbara. Mariana y su marido estaban buscando un apartamento para vivir, cuando descubrieron un anuncio en el periódico. En el mismo se publicaba el alquiler de un piso de tres habitaciones en una antigua mansión rodeada de un jardín grande y descuidado.
El alquiler no era muy caro, así que quedaron con los dueños para ir a verlo. La vieja casa parecía un pequeño castillo. Al llegar al lugar vieron que tenía hasta una torrecita rodeada de enredaderas y un jardín con viejos y grandes árboles.
Mariana tocó timbre y una niña le abrió la puerta. Tenía el cabello negro y rizado que le llegaba hasta la cintura y llevaba un vestido blanco con puntillas. Su rostro era muy pálido.
“¿Quiere usted ver el piso?”, preguntó la niña mirando directamente a los ojos de Mariana. “Sí” dijo la mujer y preguntó con una sonrisa en los labios: “¿Están tus padres en casa?”…
“Vendrán enseguida”, contestó la niña, “pero yo puedo enseñárselo. Pase por favor”, añadió.
Al entrar en la casa y caminar unos metros la niña la miró con curiosidad nuevamente a Mariana y le preguntó: “¿Tiene usted hijos?”. “Sí, un niño”, respondió la mujer mientras miraba de un lado a otro del lugar. Por primera vez la niña esbozó una sonrisa y dijo: “Me llamo Bárbara. Venga por aquí, le enseñaré el cuarto de los niños”…
La niña condujo a Mariana a una amplia habitación totalmente vacía la final de un largo pasillo. El colorido del papel de la pared revelaba que aquella había sido una habitación infantil. Bárbara se dirigió a la ventana y dijo en tono solemne: “Aquí estaba mi cama, al lado de la ventana. La cama de su hijo también tiene que estar aquí. ¿Me lo promete?”
“Bueno…No me parece el lugar más apropiado para poner la cama de un niño. Cerca de la ventana suele hacer corriente y podrías haberte resfriado”, dijo Mariana mientras observaba la palidez de la niña.
“¡Su hijo debe dormir cerca de la ventana!”, comenzó a gritar Bárbara con un tono cortante e imperativo.
Mariana estaba sorprendida por la actitud de la niña cuando, de repente, comenzaron a oírse voces que provenían del pasillo. “Ésos tienen que ser sus padres”, pensó Mariana aliviada.
Al salir del cuarto un hombre y una mujer se acercaban a ella. En un primer momento, se asustó al verlos a los dos vestidos de negro.
“¿Ya está usted aquí?, ¡Qué raro que la puerta estuviera abierta!”, dijo el hombre. Mariana fue a responder que la niña le había abierto la puerta, pero antes de que pudiera hacerlo ya habían entrado en una de las habitaciones mostrándoselo todo.
Después de recorrer el lugar la propietaria le preguntó: “¿Le gusta el piso?” “Sí”, contestó Mariana entusiasmada. “Al final del pasillo hay otra habitación”, dijo el hombre, pero ya no entramos nunca en ella, era la habitación de la niña… “¡Ya sé!”, dijo Mariana sorprendida ante tanto misterio.
“¿Usted ha visto esa habitación?”, titubeó la mujer. “Sí, su hija recién me la ha enseñado”, dijo Mariana. La mujer palideció y preguntó: “¡Nuestra hija! y… ¿Cómo era la niña?” “Tenía el pelo negro y largo y un vestido con puntillas”, respondió Mariana impaciente.
“¡Bárbara!”, exclamaron a coro los padres y salieron ambos corriendo por el pasillo y gritando el nombre de Bárbara. Lentamente Mariana salió tras ellos. Cuando los alcanzó estaban en la puerta de la habitación de la niña… “Bárbara está muerta”, dijo el hombre bajando tristemente la cabeza.
“¡Muerta!, ¡pero que dice! ¡Yo he hablado con ella!”, dijo Mariana aun sin entender de que hablaban los padres… “Murió hace un mes”, explicó entonces el hombre, “en esta habitación, de una pulmonía. Debió de coger frío y eso acabó con su vida”.
“¡Noooo!”, gritó Mariana aterrada y salió corriendo de allí a toda prisa para no volver nunca más.

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