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Las leyendas urbanas más populares e increíbles del mundo
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Las leyendas urbanas más populares e increíbles del mundo

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Seguimos contándoles las leyendas urbanas más populares e increíbles del mundo: Esta semana tenemos dos historias…

La madrina Siniestra. En un poblado pequeño había un matrimonio tan, pero tan pobre, que no encontraban a alguien que fuera madrina de su niño recién nacido para el bautizo. El padre salió a convencer a la primera mujer que pasara por el frente de su rancho, pero no encontró a nadie. Cuando regresaba muy triste a su casa, le salió al paso la muerte, a la que le contó lo que pasaba. Ésta le dijo: “No te preocupes, yo haré de madrina y además lo ayudaré para que pueda estudiar porque quiero que sea médico”.

Bautizaron al niño y éste creció feliz y estudió mucho. La madrina apareció de nuevo, después de muchos años que no la veían, el día de la graduación del joven médico.

“Toma esta hierba le dijo, con ella podrás curar cualquier enfermedad, así sea muy grave. Pero eso sí, te advierto: si cuando vayas a visitar a un enfermo me ves esperando al pie de la cama, no intentes tocarlo con la hierba porque a ése le ha llegado la hora”.

La madrina desapareció de nuevo por un buen tiempo. Mientras tanto, gracias a la ayuda de aquella hierba, el muchacho llegó a ser un médico muy famoso, por curar los casos más difíciles.

Un día lo llamaron a casa de una mujer muy rica que se estaba muriendo, cuando el médico entró a la habitación vio a la muerte, su madrina, al lado de la cama. Sin embargo, la enferma le ofreció tanto dinero que la curó con la hierba.

De regreso a casa, la siniestra madrina, muy molesta, le advirtió: “Por ser la primera vez te perdono, pero recuerda que no debes curar a nadie si yo estoy al pie de su cama”.

El médico siguió salvando vidas y su fama fue en aumento, hasta el punto que todos lo llamaban para que los curara. Cuando un hombre rico y famoso se enfermó gravemente, lo llamó para ofrecerle la mitad de su fortuna si lo curaba, éste accedió a pesar de ver a la muerte esperando al pie de la cama. Una vez que el médico curó al paciente, su madrina muy molesta y de manera severa le dijo: “Si lo vuelves a hacer, la próxima vez te tocará a ti”.

Por aquellos días enfermó la hija del presidente y todos los médicos del país se ofrecieron para curarla. El joven médico no acudió hasta que el presidente prometió que si la curaba, se casaría con ella. Cuando entró a la habitación sentía terror de encontrarse con su madrina y, en efecto, allí estaba con su guadaña, mientras le hacía señas para que no la curara. Sin embargo el médico, compadecido de la muchacha y conmovido por su belleza, sacó la hierba milagrosa y la curó. La siniestra madrina le dijo entonces: “Has acabado con mi paciencia. Esta vez voy a cumplir mi amenaza”.

La muerte lo trasladó entonces a una gran habitación donde había muchas velas encendidas de todos los tamaños. Como última concesión, antes de llevárselo con ella, le dijo: “Cada vela corresponde a una vida, cuando ella se apaga se acaba la existencia de esa persona. Si adivinas cual es la tuya, te perdono y seguirás viviendo”.

El joven fue repasándolas una a una y mirando sus llamitas, de las más grandes a las más pequeñas… Por fin, se acercó a una de las más diminutas y exclamó: “Es ésta”. Y realmente era esa la vela de su vida pero, como se había acercado mucho para estudiarla, con el aliento que salió de su boca al pronunciar las palabras se apagó la vela y él cayó muerto…

Raulito, el niño mexicano que realiza milagros

La tumba del ‘niño milagroso’ permaneció durante mucho tiempo en el olvido, pero hoy es un sitio referente. Decenas de muñecos, peluches y pelotas, entre otros juguetes, se amontonan sobre la tumba de Raúl González, conocido popularmente como Raulito, un niño mexicano que murió a los diez meses y a los que los habitantes de Acapulco acuden con fe para que les ayude a cumplir sus peticiones.

En el Panteón San Francisco, Raulito, fallecido el 2 de febrero de 1933, está enterrado junto a su hermano Elivier, quien murió cinco meses después.

La tumba del ‘niño milagroso’ permaneció durante mucho tiempo en el olvido hasta hace aproximadamente 18 años, cuando empezó a ser un referente para los habitantes del lugar.

Según cuenta la creencia popular, la fama del niño comenzó cuando, hace casi dos décadas, llegó al panteón una mujer de la Sierra de Atoyac. Estaba llorando y llevaba en brazos a su hija de cuatro años, quien estaba al borde de la muerte.

La mujer le pidió a Susana Curiel, administradora del panteón, que le dijera dónde podía encontrar la tumba de un niño que estuviera en el abandono por sus familiares. La administradora señaló el sepulcro de Raulito, muy próximo a la entrada.

Durante más de una hora, la señora, de rodillas, pidió por la salud de su hija, de quien los doctores habían dicho que no pasaría de ese día, ya que estaba muy débil por los dos infartos que le habían dado.

Cuando terminó sus rezos, la mujer siguió su camino, sin olvidar la promesa que hizo en la tumba de Raulito: si salvaba a su hija ella regresaría a dar las gracias. Algo para lo que no tuvo que esperar mucho, ya que mes y medio después volvió al panteón con la pequeña caminando, así como con dulces, juguetes y arreglos florales para expresar su agradecimiento al niño.

En la actualidad cada juguete que rodea la tumba, son de las personas que llegan a pedirle un milagro. El panteón estaba abandonado, pero ahora 10, 15 y hasta 20 personas llegan diariamente desde los pueblos del estado de Guerrero para verlo y hacer sus peticiones.

La tumba de Raulito ha sido techada y, ante el creciente número de seguidores, el párroco Pedro Rumbo asegura que “los milagros no se pueden negar, porque siempre ha habido milagros” y la Biblia está llena de ellos.

“Cuando uno pide con fe y devoción y Dios le ayuda eso es muy bueno; hay que pedirle a Dios con fe y devoción no solo milagros, también favores menores”, señala el párroco de Acapulco, quien remarca que “en tiempos de inseguridad e incertidumbre” hay que recurrir a la religión.

Todos los juguetes recabados durante el año en la tumba son después regalados a los niños más necesitados, ya que Susana Curiel considera que dejándolos ahí se echarían a perder y a Raulito le gustaría que otros niños también fueran felices.

 

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