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Las leyendas urbanas más tenebrosas
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Las leyendas urbanas más tenebrosas

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Seguimos contándoles las leyendas más tenebrosas y terroríficas del mundo:

Los juguetes. A un amigo de la madre de María se le había muerto su hija por una enfermedad a la edad de 11 años y, como la niña tenía muchos juguetes, se los regaló a María para que se los diera a su hija menor para que jugara. En cierta ocasión los juguetes habían quedado en el dormitorio de María, al fondo de la cama, porque su hija había estado jugando allí. Era de noche, todo el mundo dormía en la casa y ella acababa de acostarse también.

Estaba por dormirse cuando, de repente, sintió que alguien abría la puerta del dormitorio. Pensando que podría ser alguna de sus hijas que no podría dormir levantó la cabeza para verla y escucharla, pero grande fue su sorpresa al ver a una joven, de vestido celeste, con una muñeca en la mano que caminaba hacia al fondo de su cama. Aunque quería no podía decir nada, porque parecía que algo se lo impedía. La joven se arrodilló ante los juguetes que estaban en el suelo y desapareció de la vista de María. Pensando que la niña estaba aún al fondo de su cama la mujer se levantó y fue hasta allí, pero grande fue su sorpresa al descubrir que no había nadie en ese lugar y solo estaban los juguetes que le habían regalado a su hija.

Se volvió a acostar y no se animó a contar nada de lo ocurrido a su familia pero, días después, vio a su madre y le pidió que le consiguiera una foto de la niña que había fallecido. Pasaron varios días y su madre la llamó para decirle que tenía una foto de la niña. Cuando fue a su casa y vio la foto, María se quedó sin palabras… la niña a la que había visto en su casa era la misma de la foto…. Fue entonces que le contó a su madre el relato y también a su familia.

La dama de blanco. Los fantasmas parecen estar en todos lados y si no vean a continuación esta historia: hace unos años atrás dos funcionarios deportivos aseguraron haber visto a una dama fantasma en el estadio Ricardo Saprissa de la capital de Costa Rica. La misteriosa mujer se esfumó frente a sus ojos cuando la siguieron para indicarle que tenía que abandonar el campo deportivo.

El inusual hecho sucedió antes del partido por la Copa de la Unión Centroamericana de Fútbol (UNCAF), que disputaban en aquel entonces el Saprissa de Costa Rica y el Real Estelí de Nicaragua.  El partido debía jugarse a puertas cerradas debido a una sanción impuesta por la CONCACAF.

En declaraciones a ‘Radio Monumental’ el delegado de la UNCAF Mario Escobar aseguró que observó, junto al gerente general del Saprissa Jorge Alarcón, que en el palco habían nueve personas, entre ellas una dama vestida de blanco, de unos 30 años.

Escobar ordenó entonces a las personas que salieran del estadio porque el partido era a puertas cerradas, pero la mujer ingresó a una cabina de transmisión vacía, hasta donde el funcionario la siguió inmediatamente, llevándose la sorpresa de que cuando entró al lugar, no había nadie.

“Pues no sé cómo explicarlo. Cuando dijimos que ahí no podía estar gente que no estuviera acreditada, ella se metió a la cabina (…) Yo estaba a tres metros de distancia y creí que la estaban escondiendo, pero entré a la cabina y ahí no hay ni baño dónde esconderse”…

El suceso, inexplicable, fue narrado de inmediato por los periodistas que cubrían el encuentro y la historia ocupó en ese momento más comentarios que el mismo partido de fútbol.

El hombre de negro. Un grupo de amigos se reunió en un amplio jardín para conversar y para pasar un rato divertido. Sentados en la oscuridad platicaban, se reían y cantaban todos a coro.

Cuando mejor lo estaban pasando, una joven llamada Julia empezó a llorar mientras gritaba que en el fondo, en la oscuridad, había alguien que vestía de negro y estaba tan pálido (o al menos eso vio) que parecía un muerto. Todos los del grupo comenzaron a reírse y le dijeron que se dejara de hacer bromas pesadas. Pero ella insistió…

Dos amigos se ofrecieron a acompañarla hasta el lugar que la joven señalaba para que se convenciera de que allí no había nada, ni nadie. Al final fueron todos. Llegaron, miraron por todas partes y, como habían pensado, no había nada ni nadie.

A Julia se le pasó el susto y volvieron a divertirse, estaban nuevamente cantando y riendo cuando Lucia fue ahora la que vio algo: era ese hombre, el que vestía de negro. Le entró tal miedo que comenzó a gritar. Los del grupo pusieron cara de que les estaban mintiendo y empezaron a decirles que la broma había estado muy bien pero que pararan, porque se estaba haciendo pesada. Las chicas no dejaban de decir que aquello no era una broma, que habían visto al hombre o lo que fuese.

Después de un rato decidieron seguir con la diversión pero esta vez cambiaron los sitios. Cuando más a gusto estaban, fue Juan el que les dijo a todos que mirasen al fondo. Entonces se levantó y dijo gritando ¡¡¡¡CORRAN!!!! Todos salieron presurosos y sin mirar atrás, mientras sentían una risa gruesa y profunda y una voz que decía: ¡corran, corran, pero no escaparán jamás de mí!

La semana que viene seguimos contándoles cuales son las más espeluznantes leyendas urbanas del mundo entero…

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